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Revelados: la democracia inexistente de Estados Unidos

Se acerca otra disputa engañosa.La maquinaria mediática y contracultural de las élites imperialistas no cesa en presentarnos como un modelo democrático, lo que en realidad es una farsa anacrónica construida y sostenida para garantizar la dominación de las grandes mayorías, bajo un esquema autoritario que no respeta ninguno de los elementos que en Occidente se consideran parte del llamado “juego democrático”

Una densa bruma de marketing dispersan las maquinarias de comunicación y propaganda de las élites, para que los cuestionamientos a la carencia estructural de democracia en los Estados Unidos no sea vista como la violación sistemática de los derechos del pueblo de esa nación durante más de dos siglos.

A pesar de que cada 4 años y con más énfasis en las últimas dos décadas, muchos se dedican a explicar que en Estados Unidos la democracia no llega a hacer ni de lejos representativa, la maquinaria de demolición de la verdad, le sigue presentando al mundo el sistema estadounidense como vitrina modélica, dónde las cosas funcionan, donde las instituciones existen correctamente y se diferencian, donde se imparte justicia, donde los errores son superados con la rectificación de los órganos de control. Todas ¡mentiras!

El modelo imperial de Washington no sólo es perjudicial para los pueblos del mundo, sino también para el pueblo estadounidense también. No solamente en cuanto a lo económico, sino en cuanto a derechos políticos, es una suerte de esclavitud política organizada para evitar que cualquier cuestionamiento a las élites signifique la pérdida de su estatus y de la posibilidad de perder la mas mínima de sus capacidades de ejercer la arbitrariedad.

Es increíble pensar que mucha gente en el mundo no conozca que la cúspide del sistema político, sus elecciones presidenciales son en realidad una anacrónica elección en segundo grado, donde el voto popular no implica la victoria del escogido por la gente sino a través de unos fulanos colegios electorales organizados arbitrariamente y bajo criterios dispares. ¿Cómo es posible entonces que alguien pueda colocar como democrático este modelo, si hasta la BBC de Londres lo describe tal cual, un sistema donde no triunfa el que saque más votos?

Es la punta del iceberg de un complejo sistema de dominación político que está basado en abusivas leyes que permiten la clara y evidente ventaja para los dos partidos tradicionales que se reparten el poder: demócratas  y republicanos. Que un entramado legal hace imposible el ejercicio de la democracia para las grandes mayorías. Que además este entramado sólo podría ser desafiado hasta cierto límite con una maquinaria económica difícil de alcanzar.

La democracia como botín

No hablamos solo de la enorme abstención, casi siempre cercana al 50%, del cercionamiento de derechos de las minorías, de un obsoleto sistema de votación y contabilización de los sufragios y del poder judicial que elemento decisiorio de todo lo no contemplado en las ya abusivas leyes, reglamentos y costumbres impuestas.  Como por ejemplo cuando en vez de recontar votos la Corte Suprema de Justicia decidió por encima de todo el pueblo estadounidense otorgar la presidencia del país al republicano George W. Bush y no al demócrata Al Gore. Eso ocurrió en el año 2000. No solamente no contó el voto popular, favorable a Gore, sino que tampoco valió la ocurrencia de un evidente fraude electoral en el estado de Florida, mediante el cual Bush lograba voltear la tortilla en cuanto a la relación de fuerza en los colegios electorales.

Fue un golpe de estado lo del año 2000, fue así tal cual, pero desde los grandes medios y desde las élites, desde la derecha global nos siguen aburriendo con una historieta de idilio democrático a la estadounidense que no existe, que no es real. Que es tan falso como creer que la tierra es plana.

«Aunque puede que nunca sepamos con completa certeza la identidad del ganador (…), está meridianamente clara la identidad del perdedor», escribió uno de estos dos disidentes del fallo que validó el triunfo fraudulento de los republicanos, el juez John Paul Stevens.

La Corte Suprema estadounidense incluso revocó un fallo de la corte suprema estatal estadounidense que ordenaba el recuento de los votos en Florida. Nadie sabe a ciencia cierta quién ganó. Las evidencias de fraude fueron demostradas, pero bien, el cuento sobre que hay democracia siguió divagando por allí tal cual.

Otro pequeño detalle, los escaños en la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos son vitalicios, son nominados por el presidente y validados por un Congreso donde la relación de representación de cada estado de la “unión americana”, son injustos y también arbitrarios. Es decir, la independencia de poderes es una evidente falacia en ese país norteamericano. Los magistrados responden a los intereses de cada grupo de poder en un contexto de arbitrariedad absoluta.

El fantasma del golpe de estado que hoy muchos agudos analistas levantan en el contexto de la nueva farsa que ocurre en los comicios que hoy en día enfrentan a Joe Biden con Donald Trump. El fraude y consiguiente golpe ocurrió ya en el año 2000 y ocurrió sin mayores estremecimientos porque al final, más allá de todas las “formalidades” sobre si hay democracia o no, los intereses económicos en el que confluyen las élites de los dos partidos de dominación, coinciden en el mantenimiento de un imperio y de un orden social y político interno absurdo e injusto.

 Las previsiones de Trump

A pesar de que las actuales encuestas ubican en promedio una “holgada” diferencia de alrededor de 8 puntos porcentuales en favor del demócrata Biden, el emperador Trump sabe de las debilidades planificadas del sistema y se prepara para eso. Recordemos, la mayoría del voto popular favorece a Biden y parece improbable que eso cambie, no obstante el juego de los colegio continúa, el entramado prosigue y las elecciones podrían no ganarse en fraudulentas urnas electorales, sino a través de un fraude “superior”, en la Corte Suprema.

Es por ello que se observa la pelas para que el escaño dejado vacante por la recién fallecida magistrada Ruth Bader Ginsburg. La candidata de Trump para ocupar el puesto es la conservadora Amy Coney Barrett. Siempre tengamos en cuenta en el relato, que no estamos dibujando a Biden como alternativa alguna, sólo estamos intentando describir cómo funciona el sistema.

Barrett es una ultraconservadora, actualmente afín a Trump, pero eso no quiere decir que no haya jugado también las sucias ligas de Hillary Clinton, por ejemplo. Lo cierto es que es que es la carta con la que Trump pretende tener una ficha más a su favor en la balanza de contrapesos ante su impotencia en concretar una remontada real.

La señora Barrett fraudulentamente a dos niños oriundos del país caribeño, la primera vez mediante los favores de Hillary Clinton y de la fundación Clinton. Las contradicciones abundan en el relato épico sobra la “bondad” de la jueza para adoptar niños haitianos. Presentó en 2004 el orfanato de donde fueron sacados como un sitio espeluznante, con infantes en absoluta desnutrición. Pero en 2019 dijo que el orfanato era maravilloso.

El desenlace

Gane quien gane en los comicios del próximo 3 de noviembre, el gran perdedor será siempre el pueblo estadounidense, que solo padecerá el enroque de piezas de la maquinaria imperial y de la forma de conectar sus intereses geopolíticos y económicos en el mundo.

Ninguno de los candidatos representan alternativas reales de nada y así ha quedado demostrado históricamente. Cuando alguno trata al menos de arreglar una pequeña parte del desastre lo sacan del camino con el andamiaje anacrónico institucional, es decir con trampas. Fue lo que ocurrió para evitar que el moderado Bernie Sanders ganar la la nominación de los demócratas y en el aún más absurdo mecanismo de primarias organizado de forma pre-histórica.

Algunas cosas han cambiado el panorama en cuanto a las formas y el método, como es el caso de la pandemia del COVID-19 que ha implicado el crecimiento significativo de la modalidad del sufragio por correo. Al momento de publicar esta columna, ya más de 50 millones de estadounidenses habían votado.

Un puñado de estados son los que en realidad están en juego y donde se concentran las maquinarias económicas de comunicación y propaganda para determinar hacia donde va la balanza.

Ohio , Florida, Arizona, Georgia, Iowa y Carolina del Norte, Colorado, Nevada, Virginia, Georgia son los estados, entre los 50 que componen Estados Unidos, donde los dos bandos concentran su artillería. Son estudiados segundo a segundo, paso a paso, para diseñar demogógicos anuncios que encanten a las oligarquías locales y ello empuje la manipulación de la llamada opinión pública.

En estas circunstancias y conocidos los escenarios sería muy probable el triunfo de Biden. Pero en el entramado profundo del poder es donde se encuentra la llave del despacho del emperador. Con un sistema político donde la ausencia más notoria es la democracia y la transparencia, todo el mundo debe saber que el emperador está desnudo.

T/ Chevige González Marcó/ LRDS

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