Desde las comunas venezolanas hasta Cataluña; una militante describe lo que vio
La militante de Ítaca y la CUP Silvia Pagés visitó Venezuela y comparó su sistema de poder popular con la democracia representativa europea, a la que calificó de insuficiente y distante de la ciudadanía

Hay una pregunta que atraviesa el debate político de izquierdas en distintas partes del mundo: ¿puede existir una democracia que no se agote en el voto cada cuatro años? Para , militante de Ítaca y de la CUP, organizaciones catalanas de la izquierda independentista, la respuesta está en Venezuela.
«En Venezuela quien tiene el poder no es el pueblo, es la gente organizada de base mediante consejos comunales y comunas», afirmó en el programa Pulso Geopolítico, conducido por la periodista Nieves Valdez en Radio Nacional de Venezuela y retransmitido en La Radio del Sur.
Ese modelo, según Pagés, no es una abstracción. Es un mecanismo concreto que entrega poder al territorio. Las comunas identifican sus problemas, proponen proyectos, reciben financiamiento del gobierno central, la gobernación o la alcaldía, y rinden cuentas ante sus propias bases. La autonomía no es retórica, es el resultado de un proceso de construcción política sostenida desde abajo.
EL GOBERNADOR QUE RECONOCE SUS LÍMITES
Uno de los episodios que más marcó a la entrevistada, quién por estos días estuvo de visita en Caracas, fue un encuentro en la comunidad Catia La Mar II, donde el gobernador del estado La Guaira, Alejandro Terán, habló ante comuneras organizadas. Su argumento fue, según Pagés, tan sencillo como políticamente significativo: «Yo no soy quien para decirles en qué tienen que invertir el dinero, en qué proyectos se tienen que hacer», citó Pagés recordando las palabras del funcionario.
«Si yo vengo aquí y les digo vamos a hacer esta cosa, me van a decir ¿pero qué estás diciendo? porque yo no vivo aquí, no conozco el territorio.»0
Esa lógica, señaló Pagés, invierte la relación habitual entre institución y comunidad. En lugar de que la administración descienda con soluciones prefabricadas, son las personas que habitan el territorio quienes proyectan lo que necesitan. La institución, entonces, financia, no decide.
LEYES PARA SER USADAS
Otro contraste que Pagés destacó tiene que ver con la forma en que las leyes se escriben y se usan. Durante su primera visita a Venezuela, en 2022, recibió como regalo el libro de las Leyes del Poder Popular, la Constitución y el Plan de la Patria. Lo que le llamó la atención no fue solo el contenido, sino la accesibilidad del lenguaje. «Vi unas leyes hechas para que la población las pudiera entender, para que las usara en su día a día», señaló.
En contraste, la Constitución española le resulta un texto ajeno a la población. «Es incomprensible. Nadie la usa ni nadie sabe dónde encontrar las leyes, porque es una cosa arcaica, con un texto y un vocabulario no hecho para la población.» En cambio, en las Salas de Gobierno de las comunas venezolanas, las paredes muestran papelógrafos con las 7T del Plan de la Patria. Son mapas de acción, no documentos de archivo.
UN SISTEMA ELECTORAL AL QUE LLAMAN PRIMER MUNDO
Sobre el proceso electoral, Pagés fue directa. Conoció el sistema durante las elecciones presidenciales de 2024 y su valoración fue contraria al relato que circula en los medios europeos. El voto es telemático pero se respalda en papel, la identidad se verifica con huella dactilar, las actas se cuentan de forma manual y transparente.
«Realmente esto sí que es el primer mundo y el mundo más desarrollado que estoy viendo, no el nuestro que es el que dice que es el mejor», afirmó.
Esa inversión de términos, el «primer mundo» como etiqueta aplicada al Sur, es también un gesto político. Cuestiona quién define los estándares y con qué intereses.
EL MIEDO NO DETIENE LA RESISTENCIA
Más allá de los mecanismos institucionales, Pagés transmitió algo que escuchó directamente de comuneras venezolanas. Con sencillez y firmeza, esas mujeres reconocieron el daño sufrido durante años de guerra híbrida, sanciones y agresiones. Sin embargo, su conclusión fue otra. «Nos han herido de gravedad y ahora tenemos que curar esa herida. Pero cuando estemos otra vez bien, seguiremos luchando, seguiremos al pie de calle, construyendo comunas, construyendo república y luchando por nuestra soberanía como pueblo.»
Para Pagés, esa resistencia es también una lección política exportable. El nivel de politización del pueblo venezolano, que atribuye en parte al legado del comandante Hugo Chávez, es lo que permite enfrentar las narrativas de la derecha con argumentos propios. Un pueblo que sabe lo que tiene y lo que puede perder, dijo, no se deja engañar fácilmente.
UNA ESPERANZA CON NOMBRE PROPIO
En su mensaje final, la militante catalana fue explícita respecto a por qué Venezuela importa más allá de sus fronteras. Para quienes creen en el socialismo, en un mundo que ponga la vida por encima del capital, es necesario que alguna experiencia concreta salga adelante. «Este mundo que está podrido necesita que esto salga bien y que esta revolución se culmine», declaró Pagés.
Así, desde la izquierda independentista catalana, Venezuela no se observa como un caso lejano. Se estudia, se visita y se defiende como un faro político en un momento en que las alternativas al capitalismo necesitan ejemplos vivos.
T/LRDS





