Participación popular y solidaridad internacional unen a Venezuela y Argentina, más allá de sus diferencias
Romina Herrera, dirigente del Partido Frente Grande de Río Cuarto, analizó en Pulso Geopolítico los puntos de encuentro y las brechas entre los modelos de organización popular de ambos países y reflexionó sobre los errores propios del peronismo

Hay una diferencia que no es menor. Las comunas venezolanas tienen participación popular y son quienes administran sus propios recursos. El presupuesto participativo que se aplica en ciudades como Río Cuarto, en la provincia argentina de Córdoba, depende en cambio de lo que el municipio decida transferir cada año. Esa distancia, aparentemente técnica, tiene consecuencias políticas profundas.
Así lo planteó Romina Herrera integrante del Frente Grande de Argentina, quien recientemente estuvo de visita en Venezuela y participó en Pulso Geopolítico, espacio radiofónico conducido por la periodista, Nieves Valdez, y transmitido por Radio Nacional de Venezuela y La Radio del Sur.
«Las comunas en Venezuela tienen su propio ingreso, o sea, tienen su propio dinero», señaló Pagés, quién contrastó que en Argentina los proyectos vecinales solo se concretan dentro del margen que fija la administración municipal. Los vecinos votan, proponen y organizan, pero el techo lo pone otro.
CUANDO LA SOLIDARIDAD NO ALCANZA
La misma lógica de dependencia se replica, según Pagés, en el trabajo territorial de base. Su asociación sostiene un trabajo barrial que calificó como «a pulmón», con algunos aportes municipales que con el tiempo se han reducido. «Nos bajaron la cantidad», precisó, al referirse a los bolsones de mercadería que recibían para asistir a un barrio. La consecuencia es directa: sin recursos propios, la capacidad de respuesta se achica.
Ese escenario contrasta con lo que Pagés observó en las comunas venezolanas, donde la estructura organizativa cuenta con financiamiento propio y sostenido. La diferencia no es solo administrativa. Es, en el fondo, una diferencia en el grado de autonomía que se le reconoce a la organización popular.
El PERONISMO FRENTE A SUS ERRORES
Pagés no eludió la autocrítica. Desde su perspectiva, el espacio político al que pertenece cargó con errores que explican, en parte, la situación que atraviesa Argentina hoy. «Como peronista siempre digo que donde nosotros cometimos el error fue con la presidencia de Alberto (Fernández)», afirmó. Para ella, ese período erosionó la confianza acumulada y abrió paso a un escenario de mayor vulnerabilidad social.
El diagnóstico que ofrece es duro. En Argentina la inseguridad crece, los salarios caen, las cooperativas cierran y la cantidad de personas en situación de calle aumenta. Sin embargo, una parte de la sociedad, dice Pagés, «hace la mirada para el costado». Y agrega que ese mismo fenómeno se retroalimenta con un problema más estructural: «No vemos más allá de nuestro ombligo».
LO QUE LA RESISTENCIA ENSEÑA
Frente a ese cuadro, Pagés rescata un valor que observó con claridad en las organizaciones venezolanas de base: la capacidad de sostenerse colectivamente más allá de las diferencias individuales. «Se siguen sosteniendo unas a otras, sin importar las diferencias», describió al referirse a mujeres que atravesaron situaciones de conflicto y mantuvieron la cohesión comunitaria.
Esa forma de resistencia, para Pagés, no es un dato menor. Es, por el contrario, lo que en su país «se pierde». Y su pérdida, sostiene, es una de las causas más profundas del retroceso político y social que Argentina experimenta. «Es como pensar en el otro», reflexionó. «Y creo que en muchos lugares falta eso o se pierde eso».
PERSUADIR, NO ATACAR
En ese marco, Pagés defiende una forma particular de hacer política. Frente a la fragmentación y al enfrentamiento interno, propone la persuasión como herramienta. «No hay que atacarlo, sino persuadirlo. Es la única forma de convencerlo para hacer el bien», sostuvo, y aclaró que intenta trasladar esa práctica a su trabajo cotidiano dentro de la asociación.
La diferencia entre modelos de participación popular, la autocrítica ante los propios errores y la apuesta por la solidaridad como práctica concreta conforman, en definitiva, el hilo conductor de una reflexión que Pagés resumió con sencillez: «Siempre hay cosas nuevas por aprender».
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