ESPECIAL/ Jueves Santo, entre la misa Crismal, el Santísimo y los siete potajes
El Jueves Santo inicia el Triduo Pascual, es decir, los días de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, y es el momento central de la Semana Santa.

La liturgia del Jueves Santo contiene tres momentos de suma importancia para la religión cristiana. En primer lugar, conmemora la última cena donde se instituye la eucaristía, el sacerdocio y el lavado de los pies, eventos registrados en la Biblia.
El Jueves Santo inicia el Triduo Pascual, es decir, los días de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, y es el momento central de la Semana Santa.
La última cena
La última vez que Jesús se reunió con sus 12 apósteles para celebrar con ellos la Pascua fue la noche del Jueves Santo. De acuerdo a la tradición bíblica esta cena contenía elementos como el pan, el vino y el cordero. Con base en esta tradición Cristo, como Cordero que será inmolado, deja su cuerpo y sangre expresados en el pan y vino.
El lavatorio de los pies
El Nuevo Testamento de la Biblia menciona el lavatorio de los pies, en Juan 13.1-17, donde se narra que Jesús lavó los pies a sus discípulos, con la finalidad de dar un ejemplo de amor y servicio a los demás.
El suceso da lugar a la celebración de la Misa Crismal, cuya ceremonia está cargada de simbolismo y profundidad espiritual, y tiene lugar en todo el mundo católico.

En la última cena es que se realiza la primera misa de la historia, cuando Jesús ofrece su cuerpo y sangre, que viene siendo el gran misterio eucarístico, por ello se dice que se instituye el orden sacerdotal, la misa, la eucaristía.
Se instituye el orden sacerdotal, porque los apóstoles, que habían sido escogidos por Jesús, se convierten en los primeros sacerdotes.
“También da lugar al mandamiento del amor fraterno, cuando él se pone a lavarle los pies a sus discípulos, y les dice: “Soy el maestro y he hecho esto con ustedes, ustedes tienen que hacer esto los unos por los otros”, es decir, amarse los unos a los otros”, explica el Pbro. Armelin De Souza, rector de la Basílica Santa Teresa.
La Misa Crismal suele realizarse en la Catedral de Caracas, a las 09:00 de la mañana y la preside el arzobispo, Monseñor Raúl Biord. A la cita acuden los presbíteros de la ciudad a renovar los compromisos adquiridos el día de su ordenación: vivir en comunión con el obispo, proclamar la fidelidad la Palabra de Dios, celebrar los sacramentos y servir con caridad a la comunidad.
La bendición de los Óleos

Ese día, Jueves Santo, se consagra el Santo Crismal y la bendición de los óleos que serán utilizados durante todo el año.
Es decir, el Óleo de los enfermos, que consiste en un aceite de oliva utilizado para la Unción de los Enfermos.
El Óleo de los catecúmenos, aceite que se utiliza en la preparación de quienes están próximos a recibir el Bautismo, y el Santo Crisma, elaborado con una mezcla de aceite y fragancias o sustancias aromáticas, como el bálsamo.
El Crisma es la materia sacramental con la cual se unge a los nuevos bautizados; también se utiliza en la confirmación, en la ordenación de obispos y sacerdotes, así como en la dedicación de altares en las nuevas iglesias.
El Santísimo y el Monumento
En horas de la tarde se celebra la Cena del Señor, y es cuando ocurre lo que los católicos llaman la Oración de Jesús en el huerto de Getsemaní.

Esta oración en el huerto de Getsemaní es un episodio de la vida de Jesús que aparece en los cuatro Evangelios, el cual narra que Jesús se aparta de sus discípulos y se pone de rodillas para orar, mientras ora, su sudor cae como gotas de sangre, un ángel del cielo se le aparece para fortalecerlo, cuando Jesús se levanta de la oración, encuentra a sus discípulos durmiendo, y les dice que se levanten y oren para que no entren en tentación.
En ese sentido, el Jueves Santo se suele reservar la hostia consagrada en el monumento para colocarlo en una capilla o altar desde el Jueves Santo hasta el Viernes Santo para ser adorado y acompañado en pasión.
El Monumento es un lugar especial que se decora o ambienta con flores, candelabros, telas, signos, para resguardar allí al Santísimo Sacramento, es decir, las hostias santas.
El Viernes Santo no hay misa
¿Por qué se hace el Jueves Santo después de la misa de la Cena del Señor? Porque el Viernes Santo es el único día del año en que no se celebra misa, por lo tanto no se pueden consagrar las hostias.
Se guardan el día anterior, y se reservan en ese monumento tan especial, que en teoría es lo que deberían visitar los devotos cuando visitan los templos. “Es decir, vamos ante este Monumento que se ha preparado para adorar a Jesucristo, que está vivo en Eucaristía”, precisa De Souza.

Algunas iglesias realizan vigilia de adoración al Santísimo desde las 07:00 de la noche, del Jueves Santo, hasta la medianoche, para abrir sus puertas nuevamente desde las 7:00 a.m.

El sacerdote Armelim de Sousa recuerda que la visita de los siete templos pasa por la adoración del Santísimo Sacramento en el monumento, porque muchas veces la gente entra al templo y salen, sin pasar por allí.
El sabor de Venezuela en Semana Santa
Vale recordar que, la Semana Santa conmemora las últimas horas y resurrección de Jesús de Nazaret, figura central de la cristiandad, impuesta en los proceso de invasión a través del plan civilizatorio-evangelizador, por parte de la cultura occidental al continente, Abya Yala, América.
Es la investigadora cultural, educadora y filósofa, Margarita Morales, quien afirma que, por ejemplo, en Lara, Portuguesa, Caracas, entre otras regiones del país, se establecen importantes agendas de manifestaciones religiosas-culturales impuestas por los procesos de colonización, que reviven con estilo propio.

En ese sentido, la cuaresma y la pascua vienen de la mano de comidas tradicionales que forman parte de lo afirmativo venezolano. La historiografía y voces populares destacan la tradición de servir siete platos de diferentes comidas entre vegetales, pescado, dulces, que se relacionan con las siete palabras de Jesús en la cruz.
Desde la Colonia las costumbres derivan del cristianismo. Aunque esta tradición es común en los Andes venezolanos, hay familias que conmemoran la Última Cena en otras regiones como Barinas, Apure, Nueva Esparta, Monagas, La Guaira, incluso Caracas. La costumbre simboliza la abundancia, la unión familiar y reflexión.
Jueves Santo: Siete Potajes tradicionales
Aunque varía según la región y familia, el menú típico de los siete platos incluye:
Sopa de arvejas o granos, pescado seco, bacalao o pisillo de chigüire. Arroz o pasta, preparado como guarnición; ensalada de verduras y vegetales; plátano maduro, yuca o casabe; dulces tradicionales como el majarete, arroz con leche.

En Semana Santa es una tradición consumir pescado, ya sea fresco o seco, en diferentes platos de acuerdo a la región del país. Por ejemplo, en la zona costera se suele preparar el popular sancocho de pescado.

En Nueva Esparta se prepara el pastel de chucho, combinación de plátanos y pescado en un plato sabroso. La abstinencia de carnes rojas lleva a consumir platos elaborados a partir de animales, como por ejemplo el chigüire, que se prepara en pisillo, en especial en los llanos, Barinas, Apure, Portuguesa.
Dulcería criolla brilla en Semana Santa

La dulcería de Semana Santa es, quizás, el punto donde más brilla la tradición en Venezuela. Así se tiene que, los dulces se hacen con alimentos tradicionales de la cocina criolla.
Destaca Morales que, mientras la colonia intentó imponer el trigo y el azúcar refinado como símbolo de “civilización” y distinción de clase, la dulcería de Semana Santa en Venezuela se refugió en la yuca, el maíz y el papelón. “Es un cuerpo que se niega a la homogenización del paladar global y decide alimentarse de su propia historia, de su propia raíz tradicional”, señala.
El postre más tradicional, para la fecha, es el majarete, manjar de coco, maíz y papelón, que sintetiza la herencia indígena (maíz) y africana (coco y papelón).

El arroz con coco, a diferencia del arroz con leche europeo, el venezolano sustituye la leche de vaca por la de coco, marcando una distancia estética y gustativa propia.
El dulce de lechosa, se elabora con la fruta verde y papelón, acompañante indispensable que se prepara con días de antelación, convirtiendo la cocina en una especie de rito familiar.
Los buñuelos de yuca, bañados en almíbar de papelón, reivindican la yuca como el tubérculo sagrado de nuestra raíz.
Región a región la gastronomía tradicional venezolana ofrece variedad y sabor, unificada por la calidad de sus platillos preparados con ingredientes criollos y naturales.
Fotos: Caim/ Perla Arroyo/ Archivo
Fuentes: Margarita Morales, investigaciones etnográficas/ Haiman El Troudi, Lo Afirmativo venezolano.





