
El Congreso Anfictiónico de Panamá, cumple 200 años el próximo lunes 22 de junio, y en La Radio del Sur presentamos una nueva entrega de los detalles de la primera gran reunión para construir los cimientos de una gran unión hispanoamericana, impulsada por Simón Bolívar. Alexander Torres, historiador, nos explica el gran plan, lo que se buscaba en Panamá, el día a día de las reuniones, por qué el plan no funcionó como se esperaba, quiénes y por qué faltaron a la histórica cita.
Recordemos que el Congreso Anfictiónico de Panamá inició sus sesiones el 22 de junio de 1826 y culminó el 15 de julio del mismo año.
Las Comisiones
En el contexto del Congreso Anfictiónico de Panamá y los documentos diplomáticos de la época, las “comisiones” se refieren a los nombramientos oficiales, credenciales o mandatos legales otorgados por los gobiernos de las república hispanoamericanas a sus ministros plenipotenciarios (delegados) para poder representarlos válidamente en la asamblea.
Al respecto, Alexander Torres señala que, todas las comisiones del Congreso Anfictiónico de Panamá, “en exclusiva de los representantes peruanos y colombianos, bajo las directrices de Simón Bolívar, buscaban poner los pilares de la Confederación Hispanoamericana y concretar alianzas de protección de defensas mutuas”.
De igual forma, destaca que pretendían no perder de vista la doctrina del uti possidetis iuris, ese dogma constituido en cada estado, arrancando el rompimiento con España, evitando rotundamente a la vez el injerencismo de potencias en asuntos nacionales.
¿Qué era el uti possidetis iuris?
Significaba: “Cada país se queda con el territorio que legalmente le correspondía cuando era colonia de España en 1810”. Con este trato, evitaban que los nuevos países se pelearan entre sí por los límites y, al mismo tiempo, le cerraban la puerta a cualquier otra potencia europea que quisiera venir a robarles tierras.
El día a día de las reuniones
¿Cómo funcionó el Congreso Anfictiónico de Panamá en la práctica?
El inicio: Destaca, el investigador e historiador: “Aleatoriamente encabezó la primera sesión Pedro Gual”.
Los invitados observadores: “En la segunda sesión se respondió una misiva de Dawkins, representante de Inglaterra”, quien asistió solo para mirar y cuidar los intereses de su país.
El trabajo duro: “Se analizaron los proyectos de tratado de ayuda y defensa mutuos. En los días sucesivos hubo muchas reuniones a puerta cerrada entre los concurrentes”, explica Torres.
El cierre: “En la última jornada de trabajo realizada en la noche del 15 de julio de 1826, los plenipotenciarios rubricaron los documentos productos del Congreso”, precisa.
A juicio del escritor, Alexander Torres, “la dinámica misma del Congreso Anfictiónico de Panamá sería compleja por la confluencia y sobre todo por la justa posición de elementos estructurales y circunstanciales que jugaron un papel muchas veces obstruccionista contra la Asamblea, varias veces aludida”.
¿Por qué el plan de Bolívar no funcionó?
En ese contexto, Torres invita a revisar las situaciones y posibles causas de ausencias o comparecencias de los países involucrados. “Las autoridades de las Provincias Unidas de Río de Plata (Argentina), por ejemplo, no hicieron acto de presencia en el Congreso Anfictiónico de Panamá”, señala.
La razón: “Problemas domésticos, entiéndase la disputa entre los caudillos federales por un lado, y el desarrollo de la guerra contra Brasil por hacerse con la Banda Oriental (actualmente Uruguay), manteniendo a distancia la posible asistencia de tropas colombianas por el otro, gastaban sus energías y concentraban sus esfuerzos”.
Además, se debe señalar los “proclives intereses de los argentinos de estrechar lazos comerciales con Gran Bretaña”.
Bolivia: llegaron tarde
En el caso específico de Bolivia, explica Torres Iriarte, “los bolivianos, recordemos que estaba bajo el mando de Antonio José de Sucre, lo que dice de la relación estrecha y la coincidencia doctrinal afianzada des del principio”.
Sin embargo, la reacción interna del alto peruana no cesaba y los conflictos políticos pulsaron en su contra. “Cuando los bolivianos resolvieron sus comparecencias al Congreso Anfictiónico de Panamá, prácticamente había acabado el tiempo de las deliberaciones”. Llegaron tarde.
Brasil: jerarquizó la guerra contra Argentina
Por su parte, Brasil, que pese a su carácter monárquico y esclavista fue invitado para complacer la demanda británica, no asistió.
Al respecto, Torres Iriarte destaca que, “Bolívar guardaba cierta reticencia sobre este gobierno opuesto a su republicanismo”.
“A pesar de su neutralidad y su posible presencia en el Congreso Anfictiónico de Panamá, los brasileros, como ya referimos, terminaron abocándose en su diatriba contra los argentinos”.
Asimismo, para los británicos era conveniente que, tantos brasileros como argentinos, no asistieran al encuentro, no comparecieran en el Congreso Anfictiónico de Panamá.
Chile: desconfianza y presiones externas
De igual modo, los chilenos, aun cuando fueron convidados al Congreso Anfictiónico de Panamá, se negaron a acudir. “Ramón Freire tenía sus reservas contra El Libertador”, el gobernante chileno no confiaba del todo en Simón Bolívar. Pensaba que el Libertador tenía una “agenda oculta” que solo beneficiaría a los países del norte de Sudamérica, dejando de lado los intereses de las naciones del sur.
“No olvidemos el rol intrigante que tuvieron los norteños de torpedear la comparecencia de chilenos ante el Congreso Anfictiónico de Panamá, como quedó demostrado en la misiva de Herman Allen, agente de los Estados Unidos, ante el gobierno de Chile”, puntualizó. La cizaña y la intriga para convencerlos de que no viajaran a Panamá funcionó.
Paraguay: el vecino aislado
El historiador explica que, “los paraguayos, por su parte, gobernados por Gaspar Rodríguez de Francia, eran fieles a su política diplomática aislacionista. Por tal motivo, por tal razón, ni siquiera fueron invitados”.
México: entre dos aguas
Para Bolívar, México (la antigua Nueva España) era la «joya de la corona». Por su enorme población, su riqueza y su ubicación geográfica, el Libertador sabía que México era un aliado vital para defender la independencia del continente.
Sin embargo, “ya en su famosa Carta de Jamaica, parafraseando a José Guerra, seudónimo del intelectual mexicano Fray Servando Teresa de Mier, daba noticias al libertador sobre la situación compleja y los posibles desenlaces en la coyuntura de ese año de 1815”.
Posteriormente, Bolívar vería con cautela los pasos incipientes de las transformaciones mexicanas, lo que significaba el Plan de Iguala y cómo Agustín de Iturbide, después de la independencia, tomaba el camino monárquico.
Cuando el Imperio mexicano cayó, asumió la política exterior un hombre llamado Lucas Alamán. Él se dio cuenta de que México estaba atrapado en un dilema: por un lado, tenía la amenaza de sus vecinos del norte (Estados Unidos y su deseo de expandirse), y por el otro, el enorme liderazgo de Bolívar en el sur.
En ese contexto señala: “Alamán sacaría provecho al dilema, haciéndose partidario habilidosamente de la presencia de Brasil y los Estados Unidos, muro de contención ante la hegemonía bolivariana en el Congreso Anfictiónico de Panamá”.
El compromiso mexicano y el traslado a Tacubaya
A pesar de sus estrategias para equilibrar el poder, México fue uno de los países que más se tomo en serio el Congreso. Menciona, Torres Iriarte, al historiador Indalecio Liévano Aguirre, quien precisa que los delgados mexicanos hicieron aportes gigantescos:
- Defendieron que esta unión de países debía ser permanente y tener total autonomía para tomar decisiones.
- Como México era el país más poblado, aceptó pagar la mayor parte de los costos, prometiendo aportar una enorme cantidad de soldados y barcos de guerra para el ejército aliado.
“Eso explica en gran medida por qué luego el Congreso va a ser mudado a la filosofía mexicana en Tacubaya, para ser mucho más específico”.
Foto: Archivo





