ESPECIAL/ La Guaira, Zona Cero: La búsqueda se adentra en las huellas de la tragedia
El Litoral Central comienza a mostrar los embates de la dupla de terremotos, la devastación casi total obliga al rastreo de familiares entre el colapso

La Radio del Sur bajó al estado La Guaira, a inicios de esta semana, y uno de los lugares destino de los caraqueños, en Venezuela, para impulsar el turismo del Litoral Central comienza a mostrar los embates de la dupla de terremotos, pasando el centro histórico, es cuando se visualiza la dura y cruda realidad: la devastación es casi total, en la ahora llamada Zona Cero.

En el sector Las Quince Letras, ubicado en la avenida La Playa, parroquia Macuto, hay máquinas, delegaciones de rescatistas internacionales y efectivos militares, en búsqueda constante.

Allí hay unas tres carpas con integrantes de sendas familias: esperan la aparición de sus seres queridos, en la inmensa montaña de desechos, de lo que hasta el miércoles 24 de junio fue la Residencia Gradisca.
La esperanza de buscar familiares entre las ruinas
En ese entramado de concreto, cabillas y escombros, LRDS conversó con José Alfredo Azuaje, quien lidera la búsqueda familiar de su único hijo varón, Jesús Alfredo Azuaje González, de 28 años, también conocido como Tito en la intimidad, y su nieto de 15 años, Fabián Aviel Azuaje Ramírez.

José lleva la mirada triste, y asegura que “la esperanza es lo último que se pierde”, afirma que los jóvenes, atletas, pudieran haber quedado encapsulados en el piso 3.
Los expertos le han dicho que, en una oportunidad, rescataron a unas personas luego de 17 días de un terremoto y allí centra sus esperanzas.
El fútbol detuvo en casa a los Azuaje
José Alfredo recuerda con precisión que, el miércoles 24 de junio, no solo fue día de fiesta nacional por la Batalla de Carabobo, sino que además en La Guaira celebraban los tambores de San Juan, y en el Mundial de Fútbol 2026 jugaba Brasil, justo a las seis de la tarde, razón por la que padre e hijo, es decir, el hijo y su nieto, decidieron quedarse en casa. Le iban a Brasil.
La hermana mayor, que vive con ellos, salió con su bebé de cinco meses. Los muchachos quedaron en el apartamento, del que ahora solo se divisan ruinas.
Carpas para la espera de los muchachos
La familia Azuaje instaló una serie de carpas, donde permanecen Migdalia Carvajal, la madre, sus hermanos y demás familiares, esperando a que los muchachos aparezcan.
“Son nuestros seres queridos, y esperamos encontrarlos para estar tranquilos y en paz con ellos”, casi dice en un susurro el humilde hombre que apenas articula palabra.

Todo este momento le parece horrible, y asegura es “peor que la tragedia del deslave de 1999. Hubo pérdidas humanas, aunque no tantas como esta”, afirma como testigo de quien también vivió esa tragedia.
El señor José Azuaje lleva 45 años viviendo en La Guaira, y explica que, en esta oportunidad, con el doblete de terremotos, no hubo chance de que la gente saliera de sus residencias.

“Cuando el deslave, la gente pudo correr al cerro; brincar de un edificio a otro y hasta protegerse en una azotea”, señala con la mirada fija en la montaña de lo que hace quince días fue el hogar.
“Me atrevo a decir, porque lo viví, que se recuperó 50 por ciento en tiempo récord; para el 2000 teníamos viabilidad completa y para el 2005 todos los edificios estaban levantados en sus partes bajas, en general los sótanos. Aquí, ahora, no se podrá recuperar nada”, puntualiza.
Súplica a Dios: ayuda en su búsqueda

En una de las carpas, junto a un carro, permanecía Milagros Carvajal, ella facilitó las fotos de su amado Tito y su querido Fabi. Una y otra vez, mira las imágenes de su hijo y nieto en los estados y redes, desde su celular.

Ella no reza, suplica a Dios, pide misericordia para proteger a los muchachos y puedan “recibir tu amor, tu luz y tu paz, te entregamos nuestra angustia y te pido que ayudes en su búsqueda, muéstrales el camino y devuélvelos a los brazos de su madre sano y salvo”, expresa en uno de sus estados de WhatsApp, con la imagen hermosa del hijo y el nieto.

Desgarra el alma la impotencia de los padres consumidos en semejante dolor.
Topos aztecas: seis días de búsqueda

En un tarantín, organizado y limpio, se atrincheran los Topos Azteca de México, quienes desde hace seis días dirigen la búsqueda, a petición de un familiar de los desaparecidos.
Salomón Paniaguas, comenta que al principio hubo un mal entendido, y justo cuando se iban a retirar salió una madre desesperada llorando, quien suplicó para que se quedaran y ayudar a encontrar al familiar, que aseguraban permanecía, probablemente con vida, entre los escombros.

Aunque mantienen las esperanzas y la fe de encontrar sobrevivientes, saben que inicia la recuperación de cuerpos. Hasta el momento van 15 recuperados.
Mantienen el protocolo de búsqueda y rescate
Explica que, aunque ya se activó el protocolo de recuperación, usan el de búsqueda y rescate, en consecuencia deben trabajar con mucho cuidado.
“Cuando encontramos un triángulo de vida, hacemos acceso como topos, nos metemos por debajo para buscar, y si hay alguien con vida procedemos a rescatarlos”, señala Salomón.
La delegación de los Topos mexicanos está conformada por seis personas, entre ellos, una compañera, aunque en todo el estado La Guaira, son un total de 45, en diversas zonas, con el protocolo de búsqueda.
El desastre se ve desde arriba de los escombros
Para Salomón no hay comparación con las experiencias de otros países, donde han acudido a apoyar el rescate de sobrevivientes. “Cuando subes allá arriba”, dice señalando los escombros, “y ves todo lo que está en el suelo, sientes y te das cuenta de la magnitud del desastre”, confiesa el experto rescatista, quien agradece a los venezolanos por la hospitalidad recibida.

Aunque Salomón Paniaguas regresó a México este martes, afirmó que el primer contingente de los Topos Aztecas se regresa el 30 de julio, y el segundo el 30 de agosto.
Los franceses se quedan en Las Quince Letras

Los franceses llegaron antes de las 10 de la mañana, del lunes 6, en un grupo de seis, preparados con bragas naranja, y todo tipo de herramientas, coordinando con Salomón la estrategia a continuar tras su ausencia. El clima se mantenía fresco, dando una tregua al calor, con nubes anunciando una posible lluvia.
A la familia Garrido, aún la buscan

El rescatista nativo de Michoacán aceptó trasladarse, junto a un equipo conformado por un médico, una enfermera y un voluntario, al sector Caribe, en Caraballeda, donde desde hace 12 días Ruperto Garrido se centró a buscar a su hijo Carlos Garrido (39 años), su yerna Keila Andreina Torres de Garrido (39 años), y sus nietos: Santiago Garrido Torres (6 años) y Siena Garrido Torres (2 años).
Ellos estaban en la Residencia Costa Azul, en la avenida Guaicaipuro de Caraballeda, cerca del Campo de Golf, allí los vieron la última vez.
Voluntarios de la construcción remueven escombros
Gracias a la colaboración de una cuadrilla de voluntarios de la construcción, representantes de las empresas Teca, Yamba y Remoca, provenientes de El Tigre, estado Anzoátegui, han podido remover gran cantidad de escombros y entrar en algunos espacios, aunque sin encontrarlos todavía.

Quienes conocen al abuelo Ruperto saben lo que este hombre sufre y padece en estos días, pues su motor, cual fuente de energía para la savia de la vida, es su hijo Carlos, a quien siempre se le vio junto a él.
Pasivo, en silencio, de pocas palabras, Ruperto baja con Salomón por la serie de aberturas que han logrado realizar en el edificio de unos once pisos.

Mientras, funcionarios de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) también se suman a la tarea de mover escombros, cortar una enorme loza, soldando vigas, limpian y abren paso, para seguir escudriñando las entrañas de la edificación que sin piedad cayó sobre sus habitantes.
Amigos y conocidos aún postean en sus estados de WhatsApp y redes sociales, flayers que dan cuenta de la desaparición de la familia Garrido Torres. Hasta este martes, la treintena de hombres habían podido recuperar cinco cuerpos.

La tarea de reconstruir los pasos de Carlos y su familia, previos al doblete de terremotos, hace pensar que deben estar cerca de su encuentro.
Hay una llama de luz encendida, entre amigos y familiares, quienes confían en la protección del manto sagrado que regresará a esta familia a sus abuelos, que los esperan con amor, para que termine la agonía.
Fotos: Caim





