La ruta de «Las Gordas»: un museo a cielo abierto en el norte de Nicaragua
Las esculturas, de hasta cinco metros de altura, están ubicadas estratégicamente a lo largo de la carretera y en espacios públicos estratégicos para su proyección como el parque municipal, el hospital y la casa de cultura, convirtiendo el trayecto en un museo a cielo abierto

A lo largo de casi 200 kilómetros recorridos desde Managua hasta el norte montañoso del país, emerge uno de los proyectos culturales más singulares de Nicaragua: el corredor turístico «Las Gordas», una ruta integrada por 20 esculturas talladas en piedra marmolina que representan la cotidianidad de la mujer norteña.
El corredor atraviesa el municipio de San Juan de Limay, en el departamento de Estelí, una zona de clima fresco, pinares y bosques secos donde las actividades agrícolas, la minería, artesanía y caficultura han marcado históricamente la vida comunitaria, reseñó Sputnik.
Las esculturas, de hasta cinco metros de altura, están ubicadas estratégicamente a lo largo de la carretera y en espacios públicos estratégicos para su proyección como el parque municipal, el hospital y la casa de cultura, convirtiendo el trayecto en un museo a cielo abierto.
La historia de las esculturas se remonta a principios de la década de 1970, en una Nicaragua con profundas desigualdades económicas acentuadas por el modelo capitalista de la dictadura somocista. Esas condiciones llevaron a uno de los protagonistas de esta historia, Julio Vindel, a sumergirse directamente en la creación de varias de estas piezas hace 55 años.
«La misma necesidad [de la época] nos despertó el cerebro y comenzamos a esculpir piezas pequeñas, luego más grandes, hasta llegar a piezas monumentales como las que hoy están en el camino», relató este artesano nicaragüense a Sputnik.
Para Vindel, el mayor reto no es la dimensión física de estas figuras, sino el proceso creativo. «Las piezas artísticas son las más difíciles, porque no se copia nada, todo sale de la mente», agregó.
Retrato de la identidad nicaragüense
Cada obra refleja un oficio y una relación ancestral con este territorio, retrata a la mujer cafetalera, la vinculada al tabaco, al maíz, a la pesca del camarón verde de río, a la artesa y a la vida comunitaria. Esta tendencia desmonta el ideal tradicional de la belleza y moldea figuras asociadas al trabajo, la maternidad, la cultura y la sabiduría popular.
Estas obras de figuración volumétrica reivindican, en la gran dimensión de los cuerpos, la magnitud de la dignidad, el amor propio y el protagonismo de las mujeres de Nicaragua, según sus creadores.
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