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Opinión / El muy inoportuno oportunismo de cierta oposición

Por: Clodovaldo Hernández

Caracas muestra, a cada paso, heridas sin cicatrizar del doble terremoto del 24J. El cuadro es mucho más grave en La Guaira. A dos semanas de la terrible tragedia socio-natural, la emergencia sigue vigente y así lo entiende la mayoría del país. Sin embargo, un pequeño grupo de personas se esfuerza —como si todo lo anterior fuera poco— en alborotar el avispero político.  

Quieren pescar en río revuelto, quieren aprovechar la oportunidad para lograr lo que no han podido antes, en decenas de otras ocasiones calamitosas, casi todas ellas creadas artificialmente. 

El miércoles 8, justo a catorce días del cataclismo, un puñado de gente se concentró en Plaza Venezuela para gritar consignas como “¡Elecciones ya!”. Luego de un rato, se desplazaron hacia el este de la ciudad con la intención de manifestarse ante hoteles de cinco estrellas donde se alojan funcionarios de gobiernos extranjeros y de organismos internacionales, vale decir, donde podrían encontrar visibilidad global a través de medios de comunicación y redes sociales.  

En Sabana Grande, la marcha tuvo un dejo surrealista. Para quienes están en esa zona comercial de la ciudad tratando de reanudar sus vidas aporreadas por la tragedia, aquello dejó un sabor demencial. ¿Qué le pasa a esta gente?, era una pregunta que flotaba en el ambiente. 

Es posible intentar una respuesta desde el análisis político. Lo que les pasa es que tienen un sentido de la oportunidad muy distorsionado. Tanto que han quedado en el territorio neto del oportunismo. 

Se puede hasta sentir cierto alivio por el hecho de que ese sector político es el opuesto a aquel en que uno milita. Pero no. Da mucha tristeza que en la sociedad venezolana afloren esos comportamientos, que son despreciables no solamente porque el oportunismo lo es en cualquier circunstancia, sino también —y muy especialmente— porque en momentos como el que estamos viviendo, revelan tendencias sociopáticas de ciertos dirigentes (o aspirantes a serlo), que se expresan en una falta absoluta de comprensión del cuadro de emergencia nacional y de compasión por las víctimas y sus familiares. 

Ya había sido bastante patético el número que montaron los promotores de esta convocatoria cuando se presentaron al Tribunal Supremo de Justicia a exigir que se declare expirado el término constitucional que ampara la presidencia encargada de Delcy Rodríguez, y que se proceda a designar una junta de gobierno. Apenas habían pasado unas horas del terremoto y allí estaban, queriendo derrocar al gobierno mediante una maniobra judicial. 

Como suele decirse, sería cómico si no fuera tan trágico, pues el movimiento lo encabeza una abogada a la que han comenzado a identificar como “magistrada emérita”, pues formó parte de la antigua Corte Suprema de Justicia, antecesora del Tribunal Supremo, que operó hasta 1999. Blanca Mármol León lleva años instigando a la rebelión, a las marchas sin retorno, a la invocación del artículo 350 de la Constitución y ahora, en plena catástrofe, es la figura central de esta petición de una junta de gobierno. 

Lo que Mármol León ha tratado de hacer es apenas una representación en miniatura de lo que pretendía llevar a cabo la líder de este sector de la oposición, María Corina Machado, quien tenía el plan de retornar al país en la etapa más dura de la emergencia y sumarle al desastre sísmico la convulsión de su presencia. 

Estaba claro que la idea era hacer demagogia en la zona cero, con amplísima cobertura mediática y de redes para alimentar la narrativa de ser la auténtica líder nacional, es decir, algo parecido a lo que hizo en la campaña electoral de Edmundo González Urrutia, en 2024, pero elevado exponencialmente por la realidad descarnada de la tragedia. 

Según los hermeneutas del poder imperial, el retorno carroñero de Machado fue abortado por el mismo gobierno de Estados Unidos, por considerar que su presencia en Venezuela en el actual trance sería un motivo de conflictividad innecesario y perjudicial. Sea por la razón que haya sido, fue una decisión afortunada.  

Para compensar la ausencia de Machado, han salido a escena figuras secundarias como la abogada mencionada y dirigentes sindicales y estudiantiles de la derecha extrema. Una vez más tratan de “calentar la calle”, con el agravante de que, en este caso, se trata de un país que atraviesa por una de las peores tragedias de su historia. Si tuvieran sentido de la oportunidad —y no oportunismo de la peor calaña— entenderían que es el momento más inapropiado para eso. 

Los fedecamaristas se hacen pasar por fedecamaradas: Algo muy raro está pasando +Clodovaldo Hernández

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