ESPECIAL/ Voluntarios venezolanos mostraron solidaridad con Caracas y La Guaira en las primeras 24 horas de la tragedia sísmica
El gremio médico, jubilados, estudiantes y activos, se sumaron a las labores de apoyo desde el fatídico día, cuando dos potenciales terremotos devastaron a varias ciudades del país

A las 48 horas del doble terremoto que azotó con inclemencia a Venezuela, hace ocho días, el gremio del sector salud se movilizó de todas partes del país y de la ciudad, para sumarse a los voluntarios de batas blancas quienes dijeron presente en hospitales, refugios y donde hicieran falta.
En el Liceo Miguel Antonio Carol, ubicado en las instalaciones del Parque Alí Primera, se dieron cita los médicos voluntarios, entre jubilados, estudiantes de posgrado y activos de diversas especialidades, para apoyar y atender a las primeras familias sobrevivientes y damnificadas de la catástrofe de La Guaira.

En un pasillo ubicaron los “consultorios” de medicina general, obstetricia, psicología. En la entrada si no estabas censado, con la respectiva pulsera de color amarilla o verde fosforescente, no dejaban entrar.
Pasillos y salones convertidos en consultorios
Pasando la reja, ya adentro, encontrabas una fila de mesas escolares con médicos, quienes crearon allí una suerte de triaje. “No atendemos emergencias”, insistía el doctor Mónico Carvajal, quien junto a otros galenos organizó el servicio de Pediatría, con mesas, escritorios, básculas y estetoscopios personales, por allí aparecieron unos termómetros y medicamentos pediátricos.

También, estaba una improvisada farmacia, con insumos varios de las donaciones. En adelante, por todos los bordes de las paredes y dentro de los salones estaban largas filas de colchones, donde se ubicaban las familias que recién llegaban de La Guaira: hombres recién enyesados, mujeres con la mirada perdida, inocentes niños que, a veces lloraban y al siguiente rato jugaban.
Por oleadas llegaron médicos de varias regiones del país
Jóvenes que salían a dar una vuelta y con la misma regresaban. Incluso personas que buscaban unir a la familia, porque unos subieron el viernes y otros el sábado, y sin la pulsera no había entrada.
Los médicos llegaban por oleadas: desde Mérida, llegaron 15; los de postgrado de la Escuela de Medicina José María Vargas, de la Universidad Central de Venezuela también llegaron juntos.
Igualmente vinieron de Sucre, Monagas, Yaracuy, y así cómo en la milicia respetaban el rango y la jerarquía de los jubilados, por el conocimiento y saber de la profesión.

Las delegaciones de voluntarios se integraban no solo por médicos, sino también por trabajadores de la salud en general: enfermeras, fisioterapistas, trabajadores sociales, y un sin fín de especialidades.
Allí supimos que desde Barinas llegó una delegación de batas blancas, que desde el día siguiente de la tragedia estaban en el Hospital Domingo Luciani.
Asimismo, a la delegación de Topos de México, que llegaron por Valencia, se les sumó un grupo de enfermeras de Mariara (Carabobo) y Maracay (Aragua).
Los de Táchira repartieron 3.500 sopas

Desde Palmira, capital del municipio Guásimos, San Cristóbal, estado Táchira, llegó un escuadrón de 40 personas, la mayoría familia y vecinos de la comunidad, de “Chimusería El Trueno”, fabricantes de chimo, quienes se vinieron amorosamente, en un trío de camiones tipo cavas, a colaborar y ayudar a los afectados por la tragedia de los potentes terremotos del miércoles 24 de junio.
Llegaron en horas de la madrugada, y bajándose de los vehículos se pusieron manos a la obra, organizados y coordinados: mientras unos pelaban verduras, otros -en general los hombres- preparaban la leña traída por ellos, para colocar una súper olla de más de 14 mil litros y hacer un hervido con un aproximado de 3.500 almuerzos, con más de 200 kilos de carne. Todos los insumos los trajeron “los gochos” cómo les llaman cariñosamente en la capital.

Un montón de mujeres picaban cebolla, pimentón, ajíes, ajos, cebollín, celery y demás, mientras en otro lado, estaban los que coordinaban la logística: permisos con autoridades del parque para montar la fogata, puntos de agua, colocar toldos y un largo etcétera de labores.
Por el parque se corrió la voz que había sopa
La voz fue corriendo por todo el parque: “están haciendo sopa”, “los gochos preparan hervido”, se escuchaba decir entre los refugiados que circulaban a lo largo y ancho del parque.
En efecto, antes de estar listo el sancocho ya había fila para esperar la ración. Algunos comensales se las arreglaron como pudieron y llegaron con botellas de plásticos, cortadas a la mitad.

Cinco horas después, había que servir y solo habían 800 envases para sopa, así que hubo que dar carreras para comprar tinas plásticas con tapa, mejor conocidos como “potes chinos”. En algunos comercios, se apiadaron de la situación y bajaron los precios, en otros colaboraron con pan.

Rogelio Marcano, dejó claro: “Caracas no está sola, el Táchira está con ella”. Al día siguiente, el pasado domingo, hicieron muchas arepas, y repitieron el sancocho.
Desde Casanay llegan 10 mil toneladas en donaciones

Pablo Marcano llegó al estacionamiento del Parque Alí Primera, al oeste de la capital, en el sector Catia, tocando la bocina -que retumbó por todas partes-, manejando una gandola anchi-larga que venía custodiada por motorizados.
Los que estaban ubicados en lado oeste del parque, ya casi del lado de la autopista, sintieron el alboroto, y recibieron con aplausos el enorme transporte y su carga que llegó oculta totalmente con lonas y amarres.
El responsable de la guía, Orlando, explicó que venían de Casanay, un pueblito por allá bien lejos al noreste del estado Sucre, capital del municipio Andrés Eloy Blanco. De hecho, con cierto orgullo, lo primero que hicieron fue colocar una suerte de bandera que los identifica, de la que se podía leer: “Desde Casanay. Team JR. Posa Cristal”.

Esta sería una de cinco gandolas, cada una con diez mil toneladas de mercancía, entre ellas, agua, comida, ropa, medicinas, enseres de todo tipo. Las donaciones fueron enviadas por la Gobernación de Sucre, diversas alcaldías, comercios, instituciones públicas y privadas, y la ciudadanía sucrense.
Llegaron el sábado al caer la tarde, cansados, con hambre, dejaban la encomienda y regresaban a Carúpano, por más. Hicieron una primera parada en el Parque Generalísimo Francisco de Miranda, también conocido como Parque del Este, y allí les dieron el apoyo con motorizados, para guiarlos hasta el otro lado de la ciudad, sin perderse.
Unas 2.000 personas en el parque
En ese contexto, Karelis Espin, funcionaria de Inparques, y coordinadora del Parque Alí Primera, agradeció el apoyo y colaboración del pueblo venezolano, en especial de los más jóvenes, quienes de forma voluntaria hacían un gran esfuerzo por darle una “palabra de aliento a las personas que más lo necesitan”.

Detalló que, para ese momento –72 horas después del dueto de los potentes terremotos que sacudieron a varios estados del país, entre ellos, La Guiara, Caracas, Miranda, Lara- se encontraban presentes funcionarios de la Alcaldía de Caracas, Gobierno del Distrito Capital, Ministerio de la Salud, Ministerio de Relaciones Interiores Justicia y Paz, el Idenna, entre otros.

Estimó que, –para la fecha, sábado 27- habían entre 1.500 a 2.000 personas pernoctando en el parque. Un espacio, enclavado en la popular parroquia Sucre, que cuenta con unas 46 hectáreas, que por donde pusieras la mirada se iba llenando de a poco con carpas, o sus similares elaboradas con sabanas, cobijas, con todo aquello que sirviera para cubrir a sus moradores y garantizar un poco de intimidad.
La comida a lo largo del día no fue un problema, porque los voluntarios se movilizaron con lo que pudieron, consiguieron o encontraron y lo llevaron a cambio de nada, con mucha humanidad, eso así, en un ambiente de armonía, también: avena caliente, sopas, café, jugos, agua, cotillones de chucherías para los más pequeños, sánduches, ropa, medicinas, de todo se dio a lo largo y ancho del gran parque, vecino de la Universidad Nacional Experimental de Seguridad.
Sin embargo, nada parecía saciar o llenar ese espacio vacío en los corazones, todos andábamos rotos.
Fotos: Caim





