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Mujeres indígenas se levantan en Argentina contra violaciones y abusos

Más de 250 mujeres y personas de la diversidad de género de 21 pueblos naciones indígenas acordaron anoche en Chicoana, a 50 kilómetros de la ciudad de Salta, presentar un «exigitorio» al Estado argentino para poner fin al «chineo», las violaciones de niñas, y también mujeres, de estos pueblos cometidas por criollos. 

Es una práctica que viene de la colonización (los españoles llamaban chinas a las niñas indígenas, por sus ojos rasgados) y que se perpetúa hasta estos días, sobre todo en el norte del país.

En el cierre del tercer plenario del Parlamento las participantes acordaron presentar el exigitorio al presidente Alberto Fernández, de Nación a Nación, el 2 de junio próximo, día de la campaña Ni Una Menos.

La propuesta fue presentada por la weychafe (guerrera, en mapuche) Moira Millán, del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir. La iniciativa propone la abolición del chineo: «Traemos un plazo, hemos esperado 200 años», dijo que plantearán. Y si no hay respuesta en ese término, «las mujeres indígenas vamos a declarar la guerra, porque esto es un genocidio» y «nos vamos a defender, hermanas, nos vamos a defender». Si es necesario, pondrán el cuerpo en la lucha, dijo, porque «nos están matando a nuestros hijos, a nuestras hijas, a nuestros hijes».

Entre los puntos más importantes, las mujeres y diversidades de género indígenas acordaron exigir que el chineo sea declarado crimen de odio, que sea imprescriptible; que sean separados de la fuerza los gendarmes y policías que cometen estos crímenes, y que cuando esos delitos sean cometidos por empleados de las «empresas extractivistas», esas firmas «sean inhabilitadas de por vida para entrar al territorio».

Otra exigencia es que se embarguen los bienes de los violadores, en este punto Millán aclaró que no aceptan la palabra «reparación», porque no se puede reparar el daño provocado por estos crímenes. En cambio, exigen el embargo de los bienes de los violadores para asistir a las víctimas, para hacer campañas de prevención, «Necesitamos abrir centros de contención, que los pague el violador; necesitamos reunirnos, que lo pague el violador. Vamos a construir fortalecimiento como meceremos, que lo paguen los violadores», sostuvo Millán y las asistentes, muchas de las cuales que ya habían planteado esas exigencias en reuniones grupales, ratificaron con aplausos y puños en alto y un coro plurinacional: Jallalla! Muranta! Atipasun! Jayly! Marichi weu!

En el final del plenario se habló también de demandar al Estado por genocidio, por un monto millonario, «No solo para hacer justicia» sino «porque lo único que le importa es el dinero, la propiedad», y lo harán a pesar de ser conscientes de que deberán litigar en «la justicia huinca», dijo Millán. María Pia Ceballos, de Mujeres Trans Argentina (MTA) Salta, añadió que también hay que demandar a jueces y fiscales, que encubren estos crímenes, y «a las iglesias», que se expropien sus propiedades por las violaciones que han cometido sus miembros.

Historias en primera persona

El exigitorio fue el final de una jornada dificil, pero también amorosa (alguien la describió como «dura y bella») en la que mujeres y personas de las diversidades se reunieron en seis grupos para invitar a la conversación y posibilitar que pudieran contar sus experiencias, muchas de ellas víctimas del chineo o de abusos sexuales intrafamiliares.

«Yo sé que cuesta mucho. Yo vengo del campo hermanas», las alentó una joven mapuche que recordó que «el chineo está afectando al futuro del territorio» y por eso es urgente tomar la palabra. «Vamos a erradicar el chineo de los territorios y de las cabezas, porque esto no es cultural, es colonial», «Esto viene de los barcos», sostuvo.

Tras hora de conversación por separado, empezó plenario, en el que las coordinadoras de cada grupo contaron sus intercambios.

Costó mucho hablar y escucharse, comenzó contando una de las coordinadoras del primer grupo. También destacó el coraje y valor «admirables» de las que contaron sus experiencias. «El concepto del chineo es muy fuerte para tratarlo», añadió la otra coordinadora. Contó que en este grupo se habló de casos que «afectaron la salud espiritual, a nuestros cuerpos, a nuestras familias, a nuestras comunidades, nuestro territorio».

También hubo relatos de casos en lugares más alejados que no tuvieron acompañamiento ni asistencia, de abusos sexuales cometidos «en todos los territorios», en el norte de Salta y en Bolivia y Perú.

En el segundo grupo se relataron 15 casos de abusos, en complicidad de caciques, escuelas, comisarías y centros de asistencia del sistema de salud. 

En el tres «aparecieron en muchos de los casos violaciones intrafamiliares».

En el cuatro fue necesario explicar por qué  se usa el término chineo, y tambien hubo relatos de «muchas violaciones intrafamiliares»; como muchas de las participantes son de la zona de frontera, también contaron de casos de trata, y de cómo afecta la droga.

En el grupo cinco también se explicó el chineo y «surgió que la mayoría de las mujeres que estábamos allí han sido violadas de niñas». También se habló sobre las distracciones del mundo «blanco», como las religiones, y que «en las casas hay violadores padres, abuelos, tíos y hermanos». Y se habló de la violencia ejercida por hombres de los propios pueblos indígenas. «Todo este patriarcado que está arraigado también en los pueblos»; los caciques violentos. Además de la violencia de curas y pastores, y de trabajadores de estado, que llegan a las comunidades con regalos y abusan de las niñas, les dicen que están enamorados de ellas y «las van comprando con regalos, y a las familias».

T/ Página12/ LRDS

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