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Análisis / Psicólogo propone construir un algoritmo del renacimiento para enfrentar la desesperanza

El psicólogo, César Pérez, advirtió sobre los efectos de la desinformación y los algoritmos en la población afectada por los terremotos del 24 de junio y planteó una respuesta transdisciplinaria basada en la solidaridad, la salud colectiva y la esperanza

La emergencia que atraviesa Venezuela tras los terremotos del 24 de junio no se limita a los daños materiales y a las pérdidas humanas. También plantea desafíos psicológicos, sociales, cognitivos y territoriales que requieren una respuesta colectiva, solidaria y transdisciplinaria.

Así lo planteó el psicólogo, Cesar Pérez Jiménez, entrevistado por la periodista, Nieves Valdez, durante la programación especial «Venezuela Renace», transmitida por el Sistema Radio Nacional de Venezuela y La Radio del Sur.

El especialista advirtió que, en medio del trauma generado por la tragedia, la población también enfrenta una intensa circulación de desinformación en redes sociales y otros espacios de interacción.

“Tenemos ahora una vulnerabilidad latente”, afirmó.

A su juicio, esta situación puede agravarse cuando determinados actores aprovechan la emergencia para obtener seguidores, generar interacciones y capitalizar la angustia de las personas.

En este contexto, el entrevistado alertó sobre una nueva dimensión de la guerra psicológica, orientada a influir sobre las ideas, las creencias y las emociones de una población que ya enfrenta las consecuencias de una experiencia traumática.

EL ALGORITMO COMO CAMPO DE DISPUTA

Durante la entrevista, el psicólogo hizo una precisión sobre el papel de las plataformas digitales. “No es eso que se llama algoritmo, es el algoritmo”, señaló, para destacar que no se trata de un fenómeno neutral.

Según explicó, el algoritmo puede contribuir a invisibilizar y categorizar a las personas, mientras favorece procesos de sumisión y obediencia.

“En la medida que tú vas reproduciendo el algoritmo y el algoritmo se va consolidando, tú dejas de ser tú”, expresó.

Además, sostuvo que este proceso puede afectar la capacidad de análisis, síntesis, interpretación y pensamiento crítico. De esta manera, las personas pueden terminar reproduciendo contenidos y opiniones simplemente porque los encontraron en plataformas digitales.

Por eso, el entrevistado planteó la necesidad de disputar ese espacio y evitar que las herramientas tecnológicas se conviertan en mecanismos que profundicen la desesperanza.

“Hay que hacerle la guerra al algoritmo. El algoritmo no puede estar por encima de la vida”, afirmó.

UN ALGORITMO PARA LA ESPERANZA

Frente a los mensajes que pueden profundizar la angustia, el especialista propuso construir una respuesta comunicacional y social orientada al renacimiento.

“¿Por qué no empezamos nosotros a posicionar un algoritmo que sea de renacimiento?”, preguntó durante la conversación.

La propuesta adquiere especial relevancia en el caso de adolescentes y jóvenes afectados por la pérdida de viviendas, familiares y condiciones básicas de seguridad.

Para el entrevistado, la atención a esta población debe considerar su capacidad de proyectar un futuro en medio de la ruptura de sus condiciones de vida.

En consecuencia, la esperanza debe convertirse en una herramienta de recuperación y en una forma de acompañar a quienes atraviesan la emergencia.

SALUD MENTAL MÁS ALLÁ DE LA PSICOLOGÍA INDIVIDUAL

El entrevistado sostuvo que la respuesta a esta situación no puede limitarse a una atención psicológica individual.

Por lo contrario, consideró que el trabajo debe ser multidisciplinario, interdisciplinario y transdisciplinario, debido a la complejidad de los factores que inciden sobre la salud mental.

“Las intervenciones psicológicas no pueden verse desde una perspectiva meramente psicologista”, explicó.

En ese sentido, planteó la necesidad de incorporar a comunicadores, especialistas en informática y profesionales vinculados con las tecnologías, junto con otros actores capaces de contribuir a la atención de la emergencia.

Asimismo, diferenció los efectos inmediatos de la guerra psicológica de los procesos más profundos de la guerra cognitiva.

A su juicio, ambas dimensiones deben ser consideradas dentro del contexto de la emergencia y de las condiciones sociales que atraviesa la población.

CAMPAMENTOS COMO ESPACIOS DE REEDUCACIÓN Y CUIDADO

El especialista señaló que, en la nueva fase de la emergencia, los campamentos temporales no deben ser entendidos únicamente como espacios de resguardo.

También pueden convertirse en lugares para fortalecer la convivencia, la educación emocional y el uso responsable de las redes sociales.

“Es importante que allí se pueda reeducar”, sostuvo.

Desde esta perspectiva, los medios de comunicación también tienen una responsabilidad en la construcción de mensajes que contribuyan a fortalecer la esperanza.

Además, el entrevistado consideró necesario que la reeducación tecnológica esté acompañada por una reeducación emocional, especialmente entre los jóvenes.

LA SOLIDARIDAD COMO FUERZA DE RECONSTRUCCIÓN

La tragedia, explicó Pérez, también ha generado nuevas formas de solidaridad y cooperación entre las personas.

“Si algo yo he notado entre las personas es precisamente la alianza que empieza a surgir a partir de la tragedia”, afirmó.

Este proceso, según el entrevistado, permite recuperar una dimensión colectiva del cuidado y del acompañamiento.

Así, el cuidado de los demás puede convertirse en una expresión concreta de la solidaridad y de la organización popular.

“Se hace cargo de la salud del otro como si se tratase de la salud propia”, señaló al referirse a la dimensión colectiva del cuidado.

Por tanto, la recuperación no debe ser planteada como una competencia individual ni como una disputa por protagonismo, en su lugar, debe apoyarse en la cooperación, el respeto, la participación y la capacidad de las comunidades para construir respuestas desde sus propios saberes.

RECONSTRUIR TAMBIÉN SIGNIFICA REHACER EL TERRITORIO

Uno de los aspectos centrales de la entrevista fue la dimensión territorial de la tragedia.

El entrevistado explicó que las pérdidas no se limitan a una vivienda, los bienes materiales o los espacios físicos.

También existe una ruptura con el entorno en el que las personas construyeron su historia, sus relaciones y su vida cotidiana.

“Ya el dolor no es solamente la pérdida de la casa, la pérdida material, la muerte de los seres queridos, es que no tienes el espacio tampoco en el que estabas creciendo, en el que estabas viviendo”, expresó.

Por ello, la reconstrucción debe considerar la dimensión territorial y comunitaria de la emergencia.

En este proceso, los saberes populares y las experiencias de las comunidades pueden contribuir a la construcción de nuevas formas de comprender la vida, el cuidado y la organización social.

UNA RECUPERACIÓN BASADA EN LA SALUD COLECTIVA

El especialista también propuso superar una visión centrada exclusivamente en la atención individual.

Según explicó, los espacios colectivos pueden contribuir a fortalecer a las comunidades antes de avanzar hacia procesos individuales de atención.

“Si tú te pones a atender de a uno a uno, ¿cómo fortaleces al grupo?”, planteó.

Esta perspectiva coloca la salud colectiva en el centro de la respuesta y entiende el bienestar individual como parte de una realidad social más amplia.

De esta manera, la recuperación debe ser asumida como un proceso que involucra a todo el pueblo y no únicamente a quienes requieren una atención específica.

UNA OPORTUNIDAD PARA TRANSFORMAR EL PENSAMIENTO

La emergencia también puede abrir un espacio para revisar las formas tradicionales de comprender la realidad.

El entrevistado identificó la persistencia de problemas estructurales vinculados con una visión epistemológica y academicista.

Por ello, consideró que el momento actual puede servir para impulsar una transformación más amplia.

“Es un momento oportuno para hacer esa reingeniería nacional”, afirmó.

Esta reingeniería, explicó, debe involucrar el pensamiento, la acción y la praxis, además de las formas de comprender la tecnología, las emociones, el territorio y la vida colectiva.

LA FORTALEZA DEL PUEBLO Y EL CAMINO COMÚN

A partir de su experiencia profesional, el psicólogo destacó la fortaleza que ha observado en las personas afectadas.

Explicó que, desde el 24 de junio, ha acompañado a pacientes de Caracas y La Guaira y ha podido observar cómo enfrentan la pérdida de viviendas, familiares, bienes y espacios íntimos.

Sin embargo, señaló que, incluso en medio de esas circunstancias, persiste un aliento de esperanza.

“El mensaje ni siquiera es de fortaleza porque este pueblo está sumamente fortalecido”, sostuvo.

Ahora, agregó, el desafío consiste en convertir esa fortaleza en mayor integración colectiva.

Para ello, consideró importante que las personas se acompañen, se escuchen y recurran a los servicios de atención psicológica disponibles cuando lo necesiten.

El entrevistado subrayó que buscar apoyo psicológico no significa estar enfermo ni implica una condición de locura.

Por lo contrario, puede representar una oportunidad para encontrar escucha, orientación y un espacio que permita comprender las propias emociones y avanzar.

Finalmente, resumió el desafío de la etapa actual en la necesidad de construir un horizonte compartido.

“Yo creo que lo importante es eso, pensarnos en un camino común. Sin ese camino común la esperanza se disuelve”, concluyó.

T/LRDS

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