Activistas australianos de la Flotilla Summud relatan abusos israelíes
Once activistas australianos denuncian torturas y agresiones sexuales tras ser liberados del cautiverio impuesto por "Israel".
Los activistas australianos capturados por las fuerzas israelíes mientras integraban la Flotilla Global Summud regresaron a su país tras ser liberados, luego del violento asalto naval que impidió la entrega de ayuda humanitaria a la Franja de Gaza.
Un grupo de 11 ciudadanos de la nación oceánica formaba parte de los 430 voluntarios internacionales que navegaban a bordo de 50 embarcaciones civiles, interceptadas de forma ilegal en aguas internacionales durante la semana pasada.
Tras arribar a las ciudades de Sídney, Melbourne y Brisbane, los activistas denunciaron las torturas sistemáticas y los abusos cometidos durante su detención.
La activista y documentalista Juliette Lamont relató que fue víctima de agresiones físicas y violencia sexual a manos de los captores, describiendo los cuatro días de cautiverio como un auténtico infierno provocado por las fuerzas más despiadadas del planeta.
Por su parte, el voluntario Sam Woriba Watson regresó con fracturas en las costillas, hematomas y heridas cortantes debido a los golpes recibidos.
Watson testificó haber presenciado cómo los uniformados aplicaban descargas eléctricas a los civiles, disparaban balas de goma a quemarropa y utilizaban granadas aturdidoras contra el personal humanitario indefenso.
Torturas y vejaciones en prisiones marítimas
Los coordinadores de la iniciativa civil internacional documentaron al menos 15 casos graves de agresión sexual contra los activistas.
Sus denuncias apuntan a que los abusos más severos se ejecutaron en el interior de una lancha de desembarco que el mando militar transformó en una cárcel improvisada utilizando contenedores de transporte y alambre de púas.
La indignación internacional se incrementó tras la difusión de un material audiovisual donde se observa al ministro de Seguridad Nacional de la ocupación, Itamar Ben-Gvir, insultando y humillando de forma directa a los cooperantes internacionales mientras estos permanecían esposados en el suelo.
La difusión de las imágenes provocó una condena política unánime en diversas capitales del mundo, forzando la convocatoria urgente de los embajadores del régimen en Europa ante la gravedad de la agresión perpetrada por el «ejército» contra misiones de paz civiles.
Fuente: Almayadeen





