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Análisis / Nieves Valdez alerta sobre el uso de la propaganda digital para alterar la geopolítica y debilitar a los Estados-nación

La periodista y presidenta de La Radio del Sur señaló que el control de los algoritmos y las nuevas tecnologías forma parte de una disputa por la conciencia, la identidad cultural y los recursos estratégicos de los pueblos

La periodista y presidenta de La Radio del Sur, Nieves Valdez, advirtió sobre la utilización de las tecnologías digitales y los algoritmos como instrumentos capaces de incidir sobre las poblaciones, modificar correlaciones de fuerza y afectar la estabilidad de los Estados-nación, en un escenario donde la disputa por los recursos y el poder geopolítico también se traslada al ámbito de la comunicación digital.

Así lo expresó durante su participación en el programa “Texto y Contesto”, transmitido por teleSUR y dedicado al análisis de la propaganda digital neofascista.

Valdez sostuvo que el fenómeno debe ser observado desde una perspectiva que trascienda el funcionamiento de las redes sociales y permita comprender quién controla las herramientas tecnológicas y con qué objetivos son utilizadas.

“En el fondo, lo que busca es la negación del ser humano”, afirmó inicialmente Valdez, al referirse a una de las características que, a su juicio, vincula al fascismo tradicional con sus expresiones contemporáneas.

Sin embargo, su análisis se desplazó hacia una dimensión de mayor alcance: el papel de las tecnologías en la transformación de las sociedades y en la disputa por la soberanía de las naciones.

Una tecnología que no es neutral

Valdez planteó la necesidad de examinar quién controla los algoritmos y cuál es la finalidad de las tecnologías que intervienen cada vez más en la vida cotidiana.

“¿Quiénes manejan estos algoritmos? O, ¿para qué está planteada esta tecnología?”, cuestionó.

La periodista rechazó, además, la idea de que estas herramientas puedan considerarse neutrales.

“Esta tecnología es mentira que es neutral, tiene ideología”, sostuvo.

Valdez ubicó el fenómeno dentro de una discusión sobre los intereses del gran capital transnacional y su relación con las transformaciones que experimentan las sociedades.

Para la periodista, el alcance de estas herramientas también debe analizarse en función de su impacto sobre la identidad colectiva y la existencia misma de los Estados-nación.

El ataque contra la identidad cultural

Valdez planteó que el neofascismo digital no solo puede dirigirse contra individuos, sino también contra aquello que define a una sociedad como nación.

“No solamente para negar el ser humano, sino, yo diría también, para negar los estados-naciones”, afirmó.

En su intervención señaló que existe un interés del “gran capital transnacional” por incidir sobre las poblaciones y, especialmente, sobre generaciones que mantienen una relación cotidiana con las nuevas tecnologías.

La periodista vinculó este proceso con el debilitamiento de la identidad cultural.

“Contra la identidad cultural, contra el ser como nación”, expresó, al referirse a las consecuencias que puede tener una acción sostenida sobre las percepciones de una población.

Para Valdez, la identidad no se reduce a una categoría abstracta, comprende elementos como el folclor, la cultura y las características que permiten a una sociedad reconocerse como parte de una nación.

Cuando esos elementos son afectados, sostuvo, la población queda “completamente desarmada”.

El odio como instrumento de manipulación

Otro de los elementos destacados por Valdez fue la utilización de las tecnologías para generar odio.

La periodista recordó que este fenómeno también se ha manifestado en Venezuela y señaló que las herramientas digitales pueden ser empleadas no solamente para obtener beneficios económicos, sino también para producir confrontación.

“Lo vivimos en el terremoto del 27 de junio en Venezuela. Hemos visto gente que utiliza esa tecnología para lucrarse, pero además para generar odio”, manifestó.

Para Valdez, precisamente allí aparece uno de los elementos fundamentales del fascismo: la utilización del odio contra el ser humano.

“En el fondo es el fascismo, es odio”, afirmó.

Del algoritmo a la guerra cognitiva

La comunicadora, Diana Ovalles, explicó que el funcionamiento de los algoritmos alberga una gran capacidad para amplificar contenidos emocionales y discursos de odio.

Ovalles sostuvo que la viralización puede producir un crecimiento exponencial de estas narrativas y señaló que las grandes plataformas funcionan bajo estructuras concentradas y opacas.

Asimismo, vinculó estas tecnologías con la guerra cognitiva y el desarrollo de herramientas provenientes del ámbito militar.

“No es que las herramientas basadas en inteligencia artificial fueron creadas para uso civil y están desviadas, accidentalmente, hacia el uso bélico, es al revés”, afirmó.

La disputa por las correlaciones de fuerza

En la segunda parte del programa, Valdez basó su análisis hacia la geopolítica latinoamericana.

La periodista explicó “cómo ha venido cambiando nuestra geopolítica” y, especialmente, sobre las correlaciones de fuerza en América Latina.

Valdez recordó experiencias anteriores de segmentación de las poblaciones para incidir sobre grupos específicos y mencionó el caso de Barack Obama como antecedente dentro de esa discusión.

A partir de allí, vinculó el uso de estas herramientas con procesos que pueden afectar directamente a los Estados.

“Eso es gravísimo porque atenta, como lo hemos mencionado, contra ese Estado-Nación, contra la nación propiamente dicha, para desintegrarla y poder entonces meter allí los capitales privados”, sostuvo.

La frase sintetiza el eje geopolítico de su intervención: para Valdez, la fragmentación de una sociedad puede convertirse en una condición favorable para determinados intereses económicos.

Petróleo, recursos naturales y poder

La periodista fue aún más explícita al relacionar las operaciones de influencia con la disputa por los recursos naturales.

“Yo cambio la correlación de fuerza en el continente porque necesito más petróleo, por ejemplo, o porque necesito más recursos naturales”, afirmó.

Desde su perspectiva, esta lógica permite comprender que la propaganda digital no puede estudiarse únicamente como un fenómeno comunicacional, también debe analizarse en relación con las disputas de poder que atraviesan América Latina.

Venezuela como objeto de estudio

Valdez dedicó parte de su intervención a la experiencia venezolana y a lo que considera un campo de estudio sobre las estrategias de injerencia aplicadas durante las últimas décadas.

“Todo lo que, por ejemplo, nos ha pasado en Venezuela y en Latinoamérica, es de estudio”, afirmó.

En ese contexto, señaló directamente a quienes controlan los algoritmos y sostuvo que detrás de esas herramientas se encuentra el gran capital.

“Quien maneja esos algoritmos, que precisamente es el gran capital, no nos olvidemos de eso”, manifestó.

La periodista también hizo referencia a los principales ejecutivos de las grandes empresas tecnológicas y al denominado “feudalismo tecnológico”, como parte de su explicación sobre la concentración del poder en el ámbito digital.

Injerencia en Venezuela

Valdez indicó que existen distintas teorías de injerencia que, según su planteamiento, han sido aplicadas contra el país que lleva “27 años de injerencia“ para incidir políticamente y afectar su estabilidad.

“Son teorías que fueron creadas para atentar contra la estabilidad de una nación y poder aprovecharse de sus recursos”, afirmó.

Una disputa que también ocurre en la mente

El planteamiento de Valdez alcanzó así una dimensión que conecta la geopolítica con la comunicación: no se trata únicamente de modificar relaciones de poder entre Estados, sino también de incidir sobre las percepciones de las personas.

La periodista lo resumió al señalar que estas acciones pueden cambiar “no solamente la correlación de fuerzas ya geopolíticas, sino de la mente de las personas”.

Esta dimensión del análisis coincidió con la intervención de Luis Felipe Bellorín, quien explicó el impacto que pueden tener los mecanismos digitales sobre la sensibilidad y la conducta, especialmente entre los jóvenes.

Bellorín sostuvo que existe un proceso de exposición constante a contenidos que puede contribuir a normalizar la violencia y debilitar la solidaridad hacia los demás. “Ellos acabaron con una sensibilidad, la sensibilidad de la solidaridad del semejante, del otro”, afirmó.

De la pantalla a la realidad

Las intervenciones de los tres participantes terminaron convergiendo en un punto: la propaganda digital no debe analizarse como un fenómeno exclusivamente virtual.

Para Valdez, sus efectos pueden alcanzar la estabilidad de las naciones, la identidad cultural, las correlaciones geopolíticas y la percepción de las poblaciones.

Asimismo, planteó que comprender el neofascismo digital exige mirar hacia quienes controlan las herramientas tecnológicas, pero también hacia los intereses económicos y geopolíticos que pueden estar detrás de su utilización.

En ese escenario, la disputa por la información termina convirtiéndose en una disputa por la conciencia, la identidad y la capacidad de las naciones para preservar su soberanía frente a mecanismos cada vez más sofisticados de influencia.

T/LRDS

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