
Fue una de las grandes figuras de la canción necesaria de los 70 y 80, y siguió firme en sus ideas revolucionarias hasta la hora de su partida, este abril de 2026. Siempre estuvo consciente de que cuando a las mujeres «les crecen las ideas», hay gente que comienza a decir de ellas cosas muy feas. Sin reparar en tales comentarios, desarrolló una brillante carrera como cantora, docente, ensayista y poeta.
Desde finales de los años 60 les cantó a los mártires, como Fabricio Ojeda y Jorge Rodríguez (padre); les cantó a los presos políticos del cuartel San Carlos, y también a todos los demás presos; le cantó al padre Camilo Torres y hasta —con toques de humor negro— le cantó al arma de los que disparaban primero y averiguaban después: “Pobrecita la pistola / que no tiene vacaciones/ disparando siempre al aire / al aire de los pulmones».
Gloria Martín se consolidó como una de las grandes voces de la canción de protesta, luego conocida como la canción necesaria. Pero, lo más trascendente es que en este tiempo, más de cinco décadas después, siguió firme en sus convicciones.
«Es un vaso comunicante imprescindible en la historia de la conciencia colectiva hecha canto», dijo hace ya doce años la melómana Lil Rodríguez, quien recuerda que Martín fue fundadora, junto con Alí Primera, de la cooperativa artística Cigarrón, que tenía entre sus utopías un sello disquero alternativo.
Surgida de la cantera de luchadores revolucionarios que fue, en ese tiempo, la Universidad Central de Venezuela, la cantautora también hizo carrera en el Alma Mater. Graduada suma cum laude en la Escuela de Artes, se especializó en promoción cultural, se integró al cuerpo docente y llegó a ser profesora titular. Un doctorado en Historia de la Cultura fue el corolario de una brillante trayectoria, digna de quien advirtió, en uno de sus temas, con singular ironía: «Mujer, si te han crecido las ideas/ de ti van a decir cosas muy feas…».
Acompañada del sonido característico de la guitarra —típico de la canta revolucionaria de la época— o del muy criollo cuatro, Gloria Martín solía llenar la Sala de Conciertos de la UCV. Su voz solidaria también retumbaba en toda clase de actos políticos y populares, compartiendo tarimas con los grandes intérpretes del género contestatario, como Alí Primera, Soledad Bravo, Xulio Formoso, Lilia Vera y colectivos como Los Guaraguao y el Grupo Ahora. «La invitamos a cantar en nuestra graduación, en el Liceo Briceño Méndez de El Tigre, en 1973 y allí estuvo», contaba el periodista Eugenio Aguilera, ya también fallecido.
La negativa a comercializarse y la dedicación a la vida universitaria interrumpieron su recorrido artístico por varios años. A mediados de los 80 tuvo un efímero retorno al canto. Paralelamente, creció como poeta y ensayista, produciendo obras como Versos de un o sea no pacífico, De los hechizos de Merlín a la píldora anticognitiva, Pensamientos de Simón Rodríguez, El perfume de una época y Metódica y melódica de la animación cultural.
Luego de acogerse a la jubilación en la universidad y tras sufrir severos problemas de salud, continuó participando en la lucha por una sociedad más justa e igualitaria. En la década pasada, ya bastante recuperada, fue parte de los esfuerzos por conformar un Frente de Intelectuales y Artistas del Gran Polo Patriótico. «Siempre militante en las alturas de su compromiso, consecuente con la revolución socialista», resume Iván Padilla, perteneciente al grupo de aquellos presos del Cuartel San Carlos a los que Gloria Martín cantó uno de sus más célebres versos: «Presos están, irreductibles son / levantan entre rejas banderas de redención / Bandoleros son, asaltantes del poder, pioneros de la Revolución», versos que, con justicia, también pueden aplicársele a la insigne cantora.
[Este perfil fue publicado originalmente en la revista Épale Ccs, en diciembre de 2014. Se le ha actualizado como homenaje a Gloria Martín, quien acaba de fallecer]
Fuente: La Iguana
Opinión / Los medios golpistas quedaron sin máscara el 13 de abril de 2002





