ColumnasVenezuela

Opinión / Los medios golpistas quedaron sin máscara el 13 de abril de 2002

Por: Clodovaldo Hernández

La actuación de los medios de comunicación golpistas el día 13 de abril de 2002 es uno de los episodios más vergonzosos en la historia del periodismo venezolano.

En las trepidantes horas en las que el gobierno de facto de Pedro Carmona Estanga se desplomó, la oligarquía mediática de la época demostró la suprema hipocresía de sus clamores por la libertad de expresión y de prensa, que caracterizaron su discurso contra el gobierno revolucionario.

El día 13 de abril, ante la evidencia de que el contragolpe popular y militar era una contundente realidad, los medios optaron por censurarse. La radio y la televisión, que llevaban meses agitando al público hasta límites histéricos, ese día optaron por no informar, alegando que de esa manera colaboraban con la tranquilidad nacional.

Mientras el país hacía efervescencia en procura de la restauración del gobierno constitucional, las televisoras transmitían comiquitas. Quedó registrado el maratón de Tom y Jerry que pusieron al aire para no dar cuenta de unas noticias que no eran del agrado de los dueños de esos poderosos órganos audiovisuales.

Existía entonces una suerte de “comando mediático unificado” en el que tenían rol protagónico Venevisión, por el lado de las plantas televisoras, y El Nacional, por los periódicos. Todos los demás estaban alineados con sus mandatos. La orden que emanó de los jefes mediáticos de la conspiración fue no transmitir informaciones a través de las televisoras y radioemisoras y no imprimir los diarios del día siguiente, el domingo 14. Este bochornoso capítulo de la historia de la prensa venezolana se conoció como el Silencio Informativo.

Este apagón voluntario de los medios privados se sumó al cierre arbitrario del que habían sido víctimas Venezolana de Televisión, Radio Nacional de Venezuela, YVKE mundial y un puñado de emisoras y televisoras comunitarias y alternativas. Pese a semejante maniobra, el pueblo, de boca a oído y a través de mensajes de texto (la tecnología más avanzada del momento) se mantuvo al tanto y fue protagonista de su propia comunicación masiva.

No fue por casualidad que el presidente Chávez, en su alocución de la madrugada del 14 de abril, cuando retomó las riendas del gobierno, hizo un vehemente llamado a los dueños de medios para que reflexionaran sobre los acontecimientos y se sumaran, de manera sincera, al rescate de la paz y la concordia entre venezolanos.

La historia también registra que, luego del susto inicial, los magnates de la televisión, la radio y el periodismo impreso volvieron a sus andanzas muy pronto. Ya para el segundo semestre del año estaban todos aupando a los oficiales rebeldes de la plaza Altamira. Y en diciembre, volvieron a ser piezas clave en el nuevo intento de derrocar a Chávez, el paro petrolero y patronal.

Un golpe mediático

Ya es un punto aceptado por gente de todas las tendencias que el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 tuvo una vanguardia principalmente mediática.

La implicación de los dueños de los medios privados —y de muchos de sus periodistas asalariados— fue evidente en la exacerbación de los ánimos que llevó a la marcha opositora a la trampa de la avenida Baralt. También fue fundamental la actuación de la maquinaria mediática, en especial la televisión, en la construcción de una narrativa para responsabilizar al comandante Hugo Chávez de los asesinatos que los golpistas perpetraron.

Si a alguien le quedaba alguna duda, hubo confesión de parte. La mañana del 12 de abril, las figuras anclas de canales como Venevisión, RCTV, Televen y Globovisión, montaron una fiesta sobre la sangre derramada y se ufanaron de su participación en el golpe.

Venevisión estuvo a la cabeza de esa y sucesivas maquinaciones, al punto de que el magnate Gustavo Cisneros, habitualmente de bajo perfil político, llegó a participar en marchas y concentraciones del antichavismo exacerbado.

La hostilidad de Venevisión cesó después del referendo revocatorio de 2004, ganado por el comandante Chávez, cuando Cisneros aceptó la legitimidad del presidente y sostuvo conversaciones de alto nivel con el gobierno.

Fuente: Laiguana.tv

Opinión / ¡ La Revolución Bolivariana sigue de pie, Gloria al Bravo Pueblo !

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba