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Crece la presión sobre una UE que rehúye el boicot al gas y petróleo ruso

La UE se frena, de momento, en el carbón. Los 27 ministros de Asuntos Exteriores, reunidos el lunes en Luxemburgo, no tratarán el tema del embargo de los dos hidrocarburos más polémicos y más lucrativos para el Kremlin.

«Mientras Occidente siga comprando gas y petróleo ruso, estará apoyando a Ucrania con una mano y sosteniendo la maquinaria de guerra de Rusia con la otra». Es el mensaje de Dmytro Kuleba, ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, a su paso esta semana por Bruselas, donde ha asistido a la cumbre ministerial de la OTAN. «Rusia utiliza la energía como arma política. Y las ganancias que obtiene de su venta ayudan ahora a alimentar la agresión contra Ucrania», ha señalado en la misma cita Antony Blinken, secretario de Estado estadounidense.

A la presión internacional para que la UE dé este paso se unen las imágenes devastadoras que llegan desde Bucha, Kramatorsk o Járkov, que dan cuenta de que los civiles están siendo las grandes víctimas de esta guerra iniciada por Rusia hace 44 días. Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, aseguraba el jueves que los 27 ministros de Asuntos Exteriores, reunidos el lunes y martes en Luxemburgo, debatirían el embargo al petróleo ruso. Sin embargo, fuentes europeas reiteran que el tema no está sobre la agenda y que la Comisión Europea no presentará una propuesta al respecto.

«¿Cuántas Buchas se necesitan para imponer sanciones?, ¿cuántos niños, mujeres y hombres tienen que perder la vida para entender que no podemos permitirnos tener fatiga de sanciones?», señalaba Kuleba. Desde Bruselas, que acaba de echar a rodar el quinto paquete punitivo desde que comenzó la guerra, alegan que no se excluye nada, pero estiman que su estrategia de sanciones es gradual y progresiva. El último lanzallamas ha sido prohibir a partir de agosto las importaciones de carbón ruso.

Los críticos sostienen que el bloque comunitario se mueve demasiado tarde y que cada día que pasa pagando cientos de miles de millones a Rusia por su energía se pierden en Ucrania demasiadas vidas humanas. «No somos nosotros quienes hemos creado una guerra o una crisis alimentaria global. Es Putin. Pero ahora tenemos que ver los cálculos y las implicaciones políticas», aseguran fuentes europeas. «Fuimos rápidos y seguiremos siéndolo, pero la unidad sigue siendo necesaria para tomar estas decisiones», justifican.

Pero de momento no hay unanimidad para dar este salto. Los países del este y los Bálticos llevarán a la cita del lunes un mensaje duro con los países que continúan resistiéndose a dejar de comprar gas y petróleo ruso ipso facto. Lituania, Letonia, Polonia y Estonia se han adelantado y han anunciado que sus países darán este paso. Pero hacerlo a nivel europeo e incluirlo en el Boletín Oficial de la UE es un movimiento que se anticipa mucho más complicado, a pesar de que los líderes de las instituciones europeas llevan días redoblando sus mensajes en esta dirección y asegurando que el petróleo y el gas tendrán que ser sancionados «antes o después».

El equilibrio es muy complicado, especialmente cuando, a diferencia de Estados Unidos y el Reino Unido, el bloqueo energético a Rusia tendría consecuencias muy importantes –y también muy desiguales- entre los Estados miembros. Mientras algunas capitales son dependientes al 100%; otras lo son apenas en un 2%. «Es un hecho que cualquier sanción no debe golpear a tus ciudadanos más que al destinatario de las mismas», aseguran fuentes diplomáticas.

Un tridente en contra

Alemania y Austria son los principales frenos en la mesa del Consejo Europeo. Más que porque no quieran es porque alegan que no pueden, invocando a sus fuertes dependencias energéticas con Moscú. En la órbita opositora también se encuentra la Hungría de Víktor Orbán, a cuyo vínculo con Putin se une la compra masiva de los hidrocarburos rusos.

Especialmente llamativo es el caso del motor germano. Tras la anexión ilegal de Crimea en 2014, Berlín no solo no redujo sus vínculos en materia de energía con Rusia, sino que los aumentó y construyó el polémico gaseoducto Nord Stream II, que debilitaba la postura de Ucrania y del este porque permitía el tránsito del gas eludiendo estos países. Alemania ha quedado cautiva de estas políticas, que están ensombreciendo el legado de la excanciller Angela Merkel. Y el propio presidente del país Frank-Walter Steinmeier ha pedido disculpas por todo ello.

En paralelo, otros países como España y Portugal han acelerado durante estos años su transición ecológica. Las renovables suponen ya el 45% y el 60% respectivamente de su mix energético. En el otro lado, el gas ruso calienta el 50% de los hogares alemanes. Prescindir de él dejaría muy fría la economía alemana. En este contexto, hay voces que en la capital comunitaria recuerdan los años en los que Berlín y los frugales abanderaron la ortodoxia imponiendo reformas muy duras al sur y lanzando a los hombres de negro de la troika a Grecia por los errores del pasado en sus sistemas financieros. Crece la sensación de que Berlín y Viena deberán ceder en algún momento y aplicar su receta de «sacrificio» por el bien colectivo.

Aumento de armas

La guerra en Ucrania ha derribado muchos tabúes en el seno de la seguridad y la defensa europea. Por primera vez, la UE va a financiar con su dinero el envío de armas a un país en guerra. El Instrumento Europeo para la Paz, que reembolsa y coordina el suministro bélico que proporcionan los Estados miembros a Kiev, nació con 500 millones de euros. En la actualidad cuenta con 1.000 millones de euros. Y se espera que este lunes los Veintisiete lleguen a un acuerdo político para proporcionar 500 millones más.

En un mes y medio de guerra, la UE, un proyecto de paz, ha pasado de no invertir dinero en material armamentístico a contar con 1.500 millones de euros. Los países de la OTAN también han cruzado sus propias resistencias anunciando, por primera vez desde el inicio de la contienda, el envío de material bélico ofensivo y pesado. Hasta la fecha, era puramente defensivo, como sistemas antimisiles.

Crisis alimentaria

Otro de los temas de la agenda será el análisis sobre las consecuencias geopolíticas de la guerra en Ucrania, que está haciendo temblar los pilares del orden global, los sistemas financieros mundiales, el equilibrio de poder y las cadenas de suministros. En la capital comunitaria afirman que «China y Rusia están instrumentalizando la seguridad alimentaria en sus juegos políticos».

Ucrania y Rusia suman cerca de un tercio de las exportaciones globales de trigo y cebada. El impacto de la guerra también se deja notar en este campo. En África, donde un cuarto de la población sufre inseguridad alimentaria, el conflicto en Europa está aumentando el precio de los productos básicos.

T/Diaro Público/LRDS

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