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Occidente y su operación psicológica «goebbeliana» en contra de la Federación Rusa

Luego de revisar la avalancha de noticias que se expanden por los medios de información, principalmente los occidentales, sobre el potencial conflicto EE.UU.-OTAN-Ucrania-Rusia, podemos concluir lo siguiente:

«Se trata de una operación psicológica «goebbeliana» de acoso de parte de Occidente en contra de la Federación Rusa», que pretende opacar la celebración de los juegos olímpicos de invierno en China, motivada por varios factores a considerar.

Primero, la crisis económica interna que se caracterizan por un país que ahora escasamente produce, donde sus transnacionales han trasladado al exterior sus medios productivos en pos de menores costos laborales. Se cuentan por decenas de miles los pobres en la que se supone es o era, la primera potencia productiva mundial. A esto se suma, una inmensa deuda externa en constante crecimiento, misma que asciende a la cifra de 28.6 Millones de Millones de dólares en estos momentos.

La situación económica se caracteriza por el aumento de la inflación (la mayor en años), el desempleo y la precariedad laboral y con estos factores, incrementa la grave situación social, recrudecida en los últimos años por la pandemia.

Por eso, EE.UU. necesita de una guerra para echar a andar las empresas que componen el complejo militar e industrial de los EE.UU., tal como sucedió en tiempos de Vietnam con el ya conocido incidente del Golfo de Tonkin y de allí, las provocaciones actuales en contra de Rusia, así como las provocaciones realizadas en los últimos años en contra de la República Popular China.

Lo anterior, junto al individualismo, el racismo, la xenofobia y los conceptos supremacistas, ha incentivado la confrontación social interna entre la mayoría WASP (White Anglo-Saxon and Protestant) y las minorías conformadas por afrodescendientes y latinos, hecho que se hizo evidente en tiempos de Donald Trump, al extremo de que muchos hablan irónicamente, de los Estados desunidos de Norte América.

La crisis social se incrementa al ser un país en el que las y los trabajadores, no goza de vacaciones pagadas por ley, ni reposos remunerados por motivo de enfermedad y donde avanza cada día la precariedad laboral, junto a opciones – oportunidades – laborales que degradan la dignidad humana.

Segundo, la baja popularidad en las encuestas que poseen en estos momentos, Kamala Harris y Joe Biden, es lo que les ha llevado a asumir la política exterior de los republicanos para ver si suben en las encuestas y así, intentar evitar que el Partido Demócrata, no salga tan mal parado en las elecciones de medio periodo planteadas para el presente año.

Sectores que adversan a Kamala Harris, indican que su gestión al frente de la vice-presidencia es mediocre y el Sr. Presidente Joe Biden, cree que llamando «asesino» a Vladimir Putin – Presidente de la Federación Rusa – y «estúpido hijo de puta» a un periodista de Fox News (25/ene/22), logrará aumentar su popularidad entre el electorado estadounidense.

Un conflicto externo une a un país en torno a sus gobernantes y mas a una potencia como EE.UU. que siempre ha necesitado de un posible enemigo externo para mantener la cohesión interna. La dirigencia de EE.UU. siempre ha apelado a crear escenarios de este tipo, primero, para expandir su influencia alrededor del globo; y segundo, proyectando a la población el miedo de supuestos enemigos que sienten envidia hacia los EE.UU. – parafraseando a George W. Bush – para que la población, se haga de la vista gorda respecto a las atrocidades que hace su gobierno en el exterior. Esto permite controlar a una población desunida, que requiere adquirir armas para defenderse de todo semejante – conciudadano, connacional o inmigrante – que supuestamente intente agredirlos.

La población de los EE.UU., está sumamente desunida y muestra los signos de una lucha de clases perenne, de la cual sacan gran partido, los vendedores de armas, que hacen uso del lobby interno desarrollado por la Asociación Nacional del Rifle,para maximizar las ventas de tan letales productos, en un país donde las estadísticas muestran que existen mas armas que habitantes.

En tercer lugar, en materia internacional, EE.UU. ha perdido inmensa y drásticamente, su prestigio y su hegemonía planetaria e intenta mostrar que son aun el hegemón mundial, lo que actualmente les queda muy grande.

Por supuesto, ya no dispone del conglomerado de industrias que en suelo estadounidense, producían la cantidad de artilugios que los caracterizaba en la posguerra y los convertía en el primer exportador mundial, tanto de productos como de capitales, lo que nos lleva al siguiente punto.

En cuarto lugar, en momentos cuando el capitalismo occidental con sus nuevos empresarios, cacarean de que se está iniciando la 4ta. revolución industrial, los EE.UU. tuvo que rogar a sus aliados en el mundo, de que no dejaran entrar a China con tecnologías como el 5G, siendo Mike Pompeo el embajador itinerante de esa política de intimidación.

Ahora, se empieza a hablar del 6G, proyecto que se encuentra totalmente en pañales en estos momentos, para lo cual, entre otras cosas, faltan acordar estándares para su desarrollo a la par de solventar problemas técnico-productivos como la escasez de chips existente en diversos países industrializados de occidente.

En otras palabras, la guerra que ellos saben y pueden hacer, es una Operación Psicológica continuada, con énfasis en el enemigo de turno señalado, en estos momentos la Federación Rusa, mientras demonizan a la República Popular China, intentando indisponer a sus vecinos en su contra.

Lo que sucede en torno a Ucrania, podríamos calificarla de una estrategia goebbeliana impulsada por EE.UU. y occidente. Intentan hacerle creer al mundo que Rusia es una amenaza para Ucrania y para Europa, a fin de justificar la existencia de la OTAN, una organización con fines defensivos que han pasado a ser ofensivos en Libia, Siria y Afganistán. Además, les da miedo que pese a todas las sanciones impuestas, la Federación Rusa haya salido y logre salir triunfante, por lo cual, le tienden una trampa para luego aplicar sanciones de mayor envergadura.

Es de hacer notar que los sucesos de «El Maidán» en 2014 en Ucrania, en el que uno de sus objetivos fue causar un serio problema a la flota rusa para su acceso al Mar Negro (y posteriormente, al estrecho de Bosforo, al Mediterráneo y luego al Atlántico), la jugada les salió mal en aquella revolución de Colores, logrando Rusia solventar la situación con base a su interpretación de lo expresado en la Carta de la ONU, hecho que molestó mucho a la OTAN y particularmente, a los EE.UU. quienes vieron frustrada su intensión.

Aunque en una guerra nuclear en el planeta no habría ni vencedores ni vencidos, el apresto operacional de las fuerzas armadas rusas luce óptimo y en condición de propinarle un golpe fatal a occidente, que difícilmente podría superar, aunque se tratara de una guerra limitada y sin armas nucleares.

En materia de calidad de armamento, Rusia supera ampliamente a cualquier potencia de la tierra, no así, en el despliegue de bases militares y armamento táctico y estratégico, en diferentes naciones alrededor del globo, lo cual lidera, la decadente nación norteamericana.

EE.UU. carece de misiles hipersónicos operativos hecho que los impulsa a buscar un punto cercano a las fronteras rusas, para compensar su carencia. Es por eso que han desarrollado toda esta operación psicológica goebbeliana de supuesta advertencia, para inculpar a Rusia de una eventual invasión a Ucrania e imponerle posteriormente, sanciones unilaterales que dificulten su crecimiento económico y sobre todo, sus buenas relaciones con Europa y principalmente con Alemania.

De allí que EE.UU. ha amenazado a Rusia de sanciones sin precedentes entre las cuales, han sugerido la exclusión de la Federación Rusa del sistema SWIFT, planteamiento que no ha sido del agrado de varios líderes europeos y entre estos de Alemania.

Las principales armas de los EE.UU. y de occidente en estos momentos, son el control de los medios de comunicación privados occidentales y de los medios financieros occidentales (la Reserva Federal y el dolar, el Banco Central Europeo y el euro, el Sistema SWIFT, el control de las reservas de oro de muchos países) factores que junto al manejo de parte importante de la demanda mundial de materias primas y el consumo de todo tipo de artilugios manufacturados en Asia, son tomados ahora en EE.UU. y Europa, como arma económica.

Cabe decir que siempre hay un ridículo en la partida. El Estado español (que no su pueblo y algunos de sus políticos progresistas), ha mostrado la mas amplia colaboración con la OTAN en la estrategia de acoso a Rusia, ofreciendo desplegar fuerzas en Ucrania y embarcaciones de guerra en el Mar Negro, intentando obtener el apoyo de EE.UU. y de la OTAN en sus disputas con Marruecos.

Bastaría con un par de bombazo a sus instalaciones militares, para que la Federación Rusa acabara con la amenaza de la otrora potencia colonial, potencia que masacró las poblaciones aborígenes en los espacios continentales que hoy llamamos América y que ayudó a esclavizar a decenas de millones de africanos, por mas de 300 años.

Sin embargo, no podemos minimizar la provocación hacia Rusia, la misma es de cuidado; cualquier error podría poner al mundo al borde de una confrontación nuclear donde no habría vencedores ni vencidos. Albert Einsten no carecía de razón cuando dijo que una cuarta guerra mundial, se realizaría con palos y piedras.

Es evidente que pese a lo que occidente afirma, Rusia no tiene la intención de atacar a Ucrania, principalmente por razones históricas – a tratar en otras entregas – lo que posiblemente haría solo en caso del emplazamiento o mas bien el intento de emplazar, armamento atómico ofensivo en territorio ucraniano, lo cual constituye para Rusia una linea roja.

Mientras tanto, Zelensky, un payaso similar a Guaidó, luce asustado pues, pese a todo el armamento que les han entregado varias naciones occidentales, pues son ellos los que tendrían que pagar en vidas esa guerra.

Es evidente que Ucrania no estaría en capacidad para enfrentar exitosamente una respuesta rusa ante tantas provocaciones de occidente, provocaciones a la que se han sumado las de algunos fanáticos neonazis ucranianos en los últimos 8 años al menos. De allí que, EE.UU. y la OTAN, amenace a Rusia con medidas de altísimo impacto económico, dentro de las que se cuentan excluirlos del sistemas SWIFT, lo cual, no le hace gracia a Alemania y al resto de Europa.

La vieja Europa, carece de recursos energéticos y la estrategia de energías renovables y limpias, es insuficiente para cubrir su demanda de energía. El viejo continente depende del Medio Oriente y de Rusia, para mitigar sus necesidades energéticas. El Presidente Vladimir Putin, ha indicado varias veces que proyectos como el North Stream II tienen solo un propósito comercial y el suscrito agrega, un signo de buena voluntad para evitar la pugnacidad europea hacia su país, misma que deviene desde tiempos de Napoleón y tal vez, mas atrás.

En definitiva estimados lectores, como dice un viejo dicho, «amanecerá y veremos», esperando que mientras dormimos y pasamos por las penalidades que pasamos actualmente en Venezuela gracias a EE.UU. y sus aliados, podamos amanecer cada día vivos dentro de la relativa paz que hemos alcanzado.

EE.UU. y la OTAN, juegan un partido peligroso y el acoso en contra de Rusia, es de una magnitud psicológica tal, que solo puede compararse con los efectos del ataque militar realizado por ejércitos europeos en tiempos de Hitler, cuando un conjunto de naciones de ese continente, liderizadas por la Alemania nazi, intentaron destruir a la URSS. El hecho también podría equipararse a las presiones que produjo la crisis de los misiles en Cuba en 1963.

Recordemos además, que fue la URSS la que realmente, acabó con los sueños del Tercer Riech, o «riech de los mil años», añorado por nazis, neonazis y que tal vez, por personas como Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN.

Atraer a una trampa militar y económica a Rusia, es todo lo que puede hacer occidente para detener su crecimiento, afectar su soberanía e intentar de paso, afectar a China opacando los juegos olímpicos de invierno; sin embargo, ni Vladimir Putin, ni Serguéi Lavrov ni el resto de los altos cargos rusos, han mostrado un pelo de tontos.

El intento de subordinar a Rusia puede ser muy peligroso, pues, las lecciones aprendidas luego de la caída de la URSS, al parecer les han enseñado cabalmente, el significado de la palabra «soberanía». Los agresores occidentales tal vez no han evaluado bien la posibilidad de desaparecer en este intento de desestabilizar Rusia, principalmente los Europeos.

Por: Vladimir Adrianza Salas

Internacionalista venezolano. Doctor en Seguridad, Defensa y Desarrollo Integral. Investigador en Geopolítica y Geoeconomía. Administrador.

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