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Revelados: Honduras en su laberinto

Desde 2009, Honduras vive bajo una situación política irregular, por decir lo menos. Es extenso recordar todo el contexto del golpe de Estado contra el entonces presidente Manuel Zelaya, pero valga recordar que había desarrollado un programa de inclusión social innovador, para lo que ha sido la realidad política de ese país centroamericano, y se proponía un referéndum para seguir avanzando en la construcción de un nuevo modelo de gobierno, no era socialista, no era ni quiera un programa tradicional de la izquierda, era un poco de socialdemocracia ante tanta pobreza y exclusión.

Zelaya además impulsó la adhesión de Honduras a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y adoptó una política exterior independiente de los designios de Washington. Todo fue un “peligroso cóctel” para los intereses de las élites locales y de los Estados Unidos. Había que darle una “lección”, acordaron en la Casa Blanca y el Pentágono, no se podían permitir la independencia de Honduras cuando esta nación albergaba hasta bases militares estadounidenses.

Entonces Zelaya fue secuestrado y expulsado del país, impedido de volver a su patria por varios años; perseguidos, asesinados y criminalizados gran parte de sus seguidores. El golpe de mano de Washington, el garrote se hizo presente.

Después de esto, una breve dictadura cuasi formal, bendecida por un Parlamento en su mayoría arrodillado.

Con gran esfuerzo, las fuerzas progresistas hondureñas lograron reconstruirse para concurrir a las elecciones de 2017 con una alianza de diversos factores y con la candidatura del periodista Salvador Nasrralah. Las encuestas lo favorecían, el clima político los favorecía. Pero no iban a nadar tanto Estados Unidos y sus aliados para morir en la orilla.

Entonces hicieron el desastre electoral, irregularidades de todo tipo y el momento cumbre: luego del conteo parcial que otorgaba clara ventaja a la alianza progresista vino la interrupción del sistema eléctrico, la caída del sistema de escrutinios y, zas, otra vez Juan Orlando Hernández se “coronaba” como presidente de Honduras. No sin una nueva dosis de recrudecimiento de la represión para acallar las protestas. ¿Democracia? Bien gracias, desde la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa todo fue visto con regocijo y reconocimiento.

Una encuesta divulgada en 2018 por el Sondeo de Opinión Pública del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación, el 62,1% de los consultados consideró que hubo fraude en las elecciones presidenciales. Pero el plan siguió adelante, Honduras siguió siendo un gran puente centroamericano para el tráfico de drogas hacia el país que dice ser el adalid en el mundo en la lucha antinarcóticos y que tendría razones para serlo, pues, si fuesen honestos, son el país que mayor cantidad de drogas ilícitas consume en todo el mundo, con ventaja.

La desesperanza

En todo el contexto que hemos venido describiendo, en un país sin Estado de derecho ni Estado social, con un sistema de represión de Estado similar al de cualquier dictadura, la desesperanza fue ganando terreno y las elecciones presidenciales previstas para 2021 se observan lejanas.

Por esto, en los últimos tres años, los hondureños han sido los principales protagonistas de las llamadas “caravanas de migrantes”, miles de personas que teniendo ya muy poco que perder en Honduras marchan desesperadas a buscar suerte en Estados Unidos, teniendo que atravesar las fronteras de Guatemala y México. Es extraño que nunca Washington se haya referido a este fenómeno fuera de la óptica de la represión y el desprecio. La Casa Blanca se asegura de cerrarles las puertas de la frontera a aquellos que ellos mismos impulsaron a la desesperanza.

Por estos días, centenares de hondureños han emprendido una nueva travesía por Centroamérica para llegar al Norte. En Guatemala han sido objeto de la brutal represión y la vulneración de sus derechos. La ONU mira de lejos, no es conflicto que interese visibilizar, así como tampoco se esfuerzan demasiado en visibilizar que Honduras es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo y quizás el más peligroso en Latinoamérica, después de Colombia, para realizar activismo social, étnico o ambiental, es el país de la discriminación, pero por allí en Ginebra y en Nueva York se ponen una venda para no ver nada.

Según el informe Cultura del destierro: causas y consecuencias de la migración hondureña (1980-2020), publicado por Oxfam y el Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (Fosdeh), uno de cada nueve hondureñas vive en el extranjero y 40 por ciento de la población hondureña desea emigrar.

Desde 1980 hasta la actualidad, la población de hondureños en Estados Unidos aumentó de 39.154 a más 1.210.597. En España, la cifra de hondureños se duplicó entre 2016 y 2019. Las remesas son por lejos la principal fuente de captación de divisas del país. Honduras se ha convertido solo en un escenario de absoluta expoliación.

El secuestro de un país entero

La élite política que secuestró a un presidente y ahora tiene secuestrado a todo un país, no respetó ni siquiera el sufrimiento de la gente ante la pandemia de Covid-19. Usaron los recursos para enriquecerse a costa de las contrataciones y compras de insumo para atender la crisis sanitaria. Fue tan evidente el robo, que a la Fiscalía no le quedó más remedio que detener a dos exfuncionarios de Inversión Estratégica de Honduras (Invest-H). Llegaron al punto de dejar “vencer” 250 mil pruebas PCR para la detección del virus adquiridas a una empresa de Corea del Sur.

“Tenemos a una Honduras que demuestra con hechos que está construyendo un sistema de salud más robusto que antes, mucho más fuerte y más cercano a la gente”, señaló recientemente Hernández, quien además se infectó, presuntamente, de Covid-19. Nada más lejos de la realidad. En 2017, Honduras contaba apenas con 30 hospitales públicos en todo el país, mientras que hospitales privados hay un total de 87, 8 hospitales más que en 2012. Por lo menos el sistema público de salud no es para nada “robusto”. Quizás los que usan la salud como mercancía sí comparten la afirmación del Mandatario.

Honduras no está en guerra con ningún país, tampoco vive una situación de conflicto armado interno, sin embargo en el año 2019, el presupuesto destinado a la salud aumentó solo 2%, mientras que el dinero destinado a Defensa se incrementó en 9%, todo según cifras oficiales.

Desde el año 2010, Honduras vive un proceso constante y continuo de privatización de la salud. Justo con los gobiernos de facto y fraudulentos y luego del derrocamiento de Manuel Zelaya se reparten el botín, hacen la piñata con las necesidades del pueblo.

Decadencia social

Los principales indicadores sociales de Honduras revelan la magnitud del desastre causado por los gobiernos impuestos por Estados Unidos a partir de 2010. Ese año el porcentaje bruto de inscripción en el sistema escolar fue de 100.659, mientras que en 2017 era de 91,535.

El índice actual de desigualdad, medido según el método Gini, fue 50,5 en el año 2017 uno de los más altos del mundo, obviamente, de modo negativo.

Un informe divulgado en el año 2014, denominado “Honduras desde el golpe” y elaborado por el Centro de Investigaciones Políticas y Económicas en Washington, señalaba que luego del derrocamiento de Zelaya, la pobreza creció en 13,2%, en tanto la pobreza extrema se elevó en 26,3%. Durante el mandato de Zelaya, la pobreza extrema se había reducido en 20,9%.

Por si fuese poco, Honduras es uno de los países más peligrosos para ser mujer y la situación es alarmante en los municipios donde se han instalado maquilas y a donde muchas mujeres marchan “solas” en búsqueda de empleo.

La tasa de feminicidios en Honduras es de 5,1 por cada 100 mil mujeres, según cifras de la Cepal. El índice es el segundo peor de toda Latinoamérica, solo superada por El Salvador.

T/ Chevige González Marcó/ LRDS

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