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Vacunación desigual, cortoplacismo y falta de recursos sanitarios: errores que se repiten en bucle durante la pandemia

Después de 22 meses desde que la covid-19 irrumpiera en Europa y aunque una pandemia es impredecible, hay errores de forma y contenido que se producen y repiten pese a toda la experiencia adquirida contra el virus.

Lejos queda aquella frase de Fernando Simón, pronunciada un 31 de enero de 2020, cuando el coronavirus era apenas un rumor en Europa: «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado». Si el punto de partida fue el mes de marzo de ese año, ya son 22 meses condicionados por la covid-19.

Estos son algunos de los errores que se siguen cometiendo tanto a nivel global como específicamente en España, con los que no se conseguido acabar con esta pandemia mundial dos años después de su aparición.

Vacunación desigual en el mundo

La incidencia acumulada sigue disparada en España y aunque también aumentan las hospitalizaciones, desde Sanidad se llama a la calma al ver que el efecto de la vacunación de las terceras dosis reduce los contagios y que los fallecimientos, pese a crecer, no se disparan como en las pasadas navidades.

Una de las mayores advertencias se hizo desde que las vacunas comenzaron a inocularse por todo el mundo. Los expertos lo tenían claro: el coronavirus seguirá mutando hasta que la vacuna esté extendida en todo el mundo. Por eso, aunque ómicron desató la alarma y la urgencia, la comunidad científica vio cómo se repetía el error. Primero, la variante delta, originada en la India por su bajo índice de vacunación, se convirtió en la cepa predominante en el mundo. Ahora, ómicron, desde los primeros diagnósticos de Sudáfrica, que apenas tiene un 29% de su población vacunada, amenaza con convertirse en la nueva variante protagonista del coronavirus.

Y este problema sigue sin resolverse: aunque España está entre los diez países del mundo con mejor cobertura vacunacional, hay muchos otros que no han llegado siquiera el 1%. Es el caso de República Democrática del Congo (0,04%), Haití (0,34%), Sudán (0,49%), Camerún (0,6%) o Uganda (0,88%).

Fernando Lamata, presidente de honor de la Asociación por un Acceso Justo al Medicamento (AAJM), es contundente: «Era importante frenar la pandemia ampliando la vacunación a todo el planeta con una estrategia global. Igual que en Europa hemos comprado vacunas conjuntamente y que lleguen las mismas en proporción a todas las regiones, eso se debería haber hecho a nivel global. Si no se hace así, ocurre que el virus muta en regiones menos vacunadas», aseguraba en una entrevista en Público.

Lejos queda aquella frase de Fernando Simón, pronunciada un 31 de enero de 2020, cuando el coronavirus era apenas un rumor en Europa: «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado». Si el punto de partida fue el mes de marzo de ese año, ya son 22 meses condicionados por la covid-19.

Estos son algunos de los errores que se siguen cometiendo tanto a nivel global como específicamente en España, con los que no se conseguido acabar con esta pandemia mundial dos años después de su aparición.

Vacunación desigual en el mundo

La incidencia acumulada sigue disparada en España y aunque también aumentan las hospitalizaciones, desde Sanidad se llama a la calma al ver que el efecto de la vacunación de las terceras dosis reduce los contagios y que los fallecimientos, pese a crecer, no se disparan como en las pasadas navidades.

Una de las mayores advertencias se hizo desde que las vacunas comenzaron a inocularse por todo el mundo. Los expertos lo tenían claro: el coronavirus seguirá mutando hasta que la vacuna esté extendida en todo el mundo. Por eso, aunque ómicron desató la alarma y la urgencia, la comunidad científica vio cómo se repetía el error. Primero, la variante delta, originada en la India por su bajo índice de vacunación, se convirtió en la cepa predominante en el mundo. Ahora, ómicron, desde los primeros diagnósticos de Sudáfrica, que apenas tiene un 29% de su población vacunada, amenaza con convertirse en la nueva variante protagonista del coronavirus.

Y este problema sigue sin resolverse: aunque España está entre los diez países del mundo con mejor cobertura vacunacional, hay muchos otros que no han llegado siquiera el 1%. Es el caso de República Democrática del Congo (0,04%), Haití (0,34%), Sudán (0,49%), Camerún (0,6%) o Uganda (0,88%).

Fernando Lamata, presidente de honor de la Asociación por un Acceso Justo al Medicamento (AAJM), es contundente: «Era importante frenar la pandemia ampliando la vacunación a todo el planeta con una estrategia global. Igual que en Europa hemos comprado vacunas conjuntamente y que lleguen las mismas en proporción a todas las regiones, eso se debería haber hecho a nivel global. Si no se hace así, ocurre que el virus muta en regiones menos vacunadas», aseguraba en una entrevista en Público.

En una protesta denominada ‘Vacunas para todos’, activistas de la organización Attac exigen el levantamiento de las restricciones de patentes sobre la vacuna covid-19.

Confiarlo todo a la vacuna

Otro de los errores cometidos ha estado precisamente en la vacunación. O mejor dicho, en cómo se ha prometido que la vacuna traería el final de la pandemia.

Ángela Domínguez, coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Vacunación de la Sociedad Española de Epidemiología, ve en este enfoque un error y que habría que transmitir la idea de que «la vacunación es un instrumento muy útil pero que con la vacunación no es suficiente».

Una enfermedad aparecida hace dos años no puede ser eliminada tan pronto y, aunque expertos como Margarita del Val auguran que probablemente «el virus se va a quedar con nosotros para siempre pero a lo mejor como un catarro», hay que dar más tiempo a la ciencia y a la propia naturaleza para asentar del todo el cambio de paradigma que ha traído la covid-19.

Domínguez considera que se ha hecho una «traducción simple» y eso ha llevado a la agitación y la desinformación: «La vacuna sirve para evitar los casos graves, muertes y hospitalizaciones, pero la transmisión no se elimina totalmente. Tenemos que continuar con las medidas de prevención como el uso de mascarilla, la higiene de manos, ventilación de espacios… Tenemos que evitar que el virus se transmita y con la vacuna no es suficiente, pero es una idea incorrecta que pueden tener algunas personas», sostiene.

Este vaivén de noticias difusas pero incesantes, que de forma inédita ha llevado a que los españoles sepan el nombre de la empresa que ha fabricado la vacuna que les han inyectado, ha terminado por generar que unos cinco millones de personas hayan rechazado vacunarse. De ese número, el 72% han esgrimido como motivo principal la desconfianza ante la vacuna por la rapidez con la que se fabricó desde la aparición del virus, según una encuesta del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII).

T/Diario Público (España)/LRDS

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