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Análisis / La gestión del riesgo exige corresponsabilidad y conocimiento del territorio

El geógrafo y profesor universitario destacó que los sismos no pueden predecirse, defendió la importancia de evaluar los riesgos y llamó a fortalecer la corresponsabilidad ciudadana en la gestión del territorio

La imposibilidad de predecir cuándo ocurrirá un terremoto no significa que las sociedades estén condenadas a la incertidumbre. Para el geógrafo y profesor universitario, Hernán Zamora, la respuesta está en conocer el territorio, identificar sus amenazas y reducir las condiciones que hacen vulnerable a la población.

Así lo señaló durante una entrevista con la periodista, Nieves Valdez, durante la programación especial «Venezuela Renace» transmitida por el Sistema Radio Nacional de Venezuela y la La Radio del Sur.

En el espacio radiofónico, Zamora explicó que Venezuela posee un sistema de fallas geológicas que atraviesa buena parte del territorio, entre ellas la falla de Boconó, en los Andes, y la falla de El Pilar, en el oriente del país.

“La única manera de predecir un sismo es que mientras más lejos estás del último, más cerca estás del próximo”, afirmó. Sin embargo, aclaró que no es posible conocer previamente la magnitud ni el momento exacto en que ocurrirá un terremoto.

Por ello, sostuvo que la gestión del riesgo debe comenzar por una pregunta esencial: “¿Dónde estoy parado, literalmente dónde estoy parado?”. A su juicio, comprender las dinámicas ambientales del territorio permite prepararse para fenómenos que forman parte de la naturaleza, como los sismos, las lluvias torrenciales y las inundaciones.

INFORMACIÓN RESPONSABLE FRENTE AL MIEDO

El especialista también cuestionó la circulación de rumores en redes sociales después del evento sísmico, especialmente las versiones que afirmaban que todos los edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela se habían desplomado.

“Yo no estoy diciendo que usted esté mintiendo. Lo que le estoy preguntando es, ¿de dónde saca esa información? ¿Cuál es la fuente?”, expresó Zamora, quien llamó a consultar los organismos oficiales y las instituciones especializadas antes de difundir cualquier versión.

La responsabilidad informativa, explicó, resulta especialmente importante durante una emergencia, porque una afirmación sin fundamento puede aumentar el miedo de una población ya afectada.

En este contexto, también destacó la necesidad de evaluar directamente las edificaciones. Las imágenes satelitales y las herramientas de inteligencia artificial pueden aportar información, pero no sustituyen la inspección de los especialistas.

“Cuando tú estás frente al edificio, tú ves desde el punto de vista estructural cómo está”, señaló.

LA PREVENCIÓN TAMBIÉN ES UNA TAREA CIUDADANA

Para Zamora, la gestión del riesgo no puede ser una responsabilidad exclusiva del Estado. Las comunidades también deben participar en el cuidado de sus viviendas, urbanismos y territorios.

El geógrafo explicó que algunas afectaciones estructurales pueden estar relacionadas con problemas anteriores, como filtraciones, corrosión de los aceros o modificaciones realizadas en las edificaciones sin considerar su capacidad de carga. En ese sentido, mencionó la instalación inadecuada de tanques de agua como un ejemplo de acciones que pueden aumentar la vulnerabilidad de una estructura.

“Yo tengo que hacerme corresponsable de la gestión del riesgo en mi territorio, en mi edificio”, afirmó.

Esta corresponsabilidad también alcanza el cuidado de los cauces y quebradas, cuya obstrucción con basura y escombros puede agravar los efectos de las lluvias. Por eso, la prevención requiere la acción coordinada de las instituciones y la participación activa de la ciudadanía.

EL TERRITORIO TAMBIÉN REFLEJA LAS DESIGUALDADES

El entrevistado vinculó la vulnerabilidad ante los desastres con la forma en que históricamente se ha ocupado el territorio. Explicó que muchas comunidades populares se consolidaron en espacios cercanos a los centros urbanos y a las zonas de trabajo, pero con condiciones naturales de riesgo.

La Guaira, sin embargo, presenta una particularidad. Allí, algunas de las zonas más valoradas por sus vistas y su cercanía a la costa se desarrollaron sobre espacios vulnerables, entre ellos conos aluviales.

“Las mejores visuales eran las más vulnerables”, resumió Zamora.

Desde su perspectiva, esta realidad demuestra que la gestión del riesgo también debe considerar la desigualdad en el acceso al suelo, a los servicios y a la infraestructura.

LA SOLIDARIDAD COMO FUERZA PARA RENACER 

Más allá de las afectaciones materiales, Zamora destacó la respuesta solidaria de las comunidades durante las labores posteriores al sismo. Relató cómo vecinos de Caracas y La Guaira ofrecieron alimentos, café y apoyo a los equipos que trabajaban en las zonas afectadas.

“Cada quien participó desde donde pudo, pero con el corazón”, afirmó.

Para el geógrafo, esa respuesta permitió recuperar vínculos que muchas veces se debilitan en las grandes ciudades. Vecinos que no se conocían comenzaron a encontrarse, identificar a las personas más vulnerables y organizarse para ayudarlas.

Así, la emergencia también mostró una capacidad colectiva que, a juicio de Zamora, forma parte del proceso de reconstrucción nacional.

El especialista concluyó que los terremotos, las lluvias torrenciales y las inundaciones forman parte de las dinámicas naturales del territorio. La tarea, por tanto, es conocer el espacio donde se vive, prepararse y asumir que la prevención requiere cooperación, solidaridad y corresponsabilidad.

“Venezuela va a renacer y vamos a renacer nuevo, estamos renaciendo, estamos renaciendo nuevo”, afirmó.

T/LRDS

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