Análisis / La Batalla de San Félix merece el lugar que la historia venezolana aún no le ha dado
Antonio Valdez Mederico y Aldemaro Barrios reclaman, desde el programa Pulso Geopolítico que conduce la periodista Nieves Valdez, la reivindicación plena del general en jefe Manuel Piar y de la Campaña de Guayana de 1817

Para los historiadores Antonio Valdez Mederico y Aldemaro Barrios, la Batalla de San Félix no ocupa en el calendario oficial venezolano el lugar que su trascendencia exige.
Ambos especialistas lo dijeron con claridad durante su participación en el programa Pulso Geopolítico, que semanalmente conduce la periodista Nieves Valdez en el Sistema Radio Nacional de Venezuela, y se retransmite por La Radio del Sur.
«La batalla de San Félix, por ejemplo, sin mucho espacio para la historia, debe ser una fiesta nacional como la de Maracaibo», sostuvo Valdez Mederico.
Asimismo, ambos historiadores coincidieron en que este no es un hecho casual sino el resultado de décadas de olvido institucional sobre la figura del general en jefe Manuel Piar y sobre la campaña que transformó el destino de la independencia venezolana.
EL ESTRATEGA QUE INTEGRÓ A LOS EXCLUIDOS
Entender la Batalla de San Félix exige entender primero quién fue Manuel Piar. Para Barrios, su grandeza reside en una cualidad que la historiografía tradicional apenas ha reconocido.
«Una de las cualidades que tuvo el general en jefe Manuel Piar es precisamente su capacidad estratégica», afirmó, no solo como marino y militar naval, sino también en «esa capacidad de integrar a los distintos factores de la sociedad excluida, es decir, a los indios, a las mujeres, a los negros, a sus guerrillas sociales».
Esos cuerpos irregulares apoyaban al ejército patriota regular y constituían, en la práctica, una red de combate popular sin la cual la campaña de Guayana habría sido imposible.
Esa capacidad integradora no surgió de la nada. Tenía raíces profundas en el origen y la historia personal de Piar. Era hijo de María Isabel Gómez, una mulata, y de Fernando Piar, un canario. Su madre estuvo involucrada en los primeros alzamientos contra la monarquía española que protagonizaron Gual y España, y por esa razón fue expulsada a Curazao.
Barrios señaló que ese origen le imprimía a Piar «una marca o una traza de la justicia social». En consecuencia, su proyecto militar era inseparable de un proyecto civilizatorio más amplio. «Somos naturalmente independentistas. Tenemos esa condición», afirmó Barrios, y subrayó que Piar encarnaba esa condición cultural antes de que existieran palabras institucionales para nombrarla.
LA HISTORIOGRAFÍA QUE PREFIRIÓ AL TRAIDOR SOBRE EL ESTRATEGA
Sin embargo, esa figura no es la que predomina en los libros. Para Valdez Mederico, el problema central no es solo el olvido sino la matriz activa que construyó durante generaciones una imagen negativa de Piar.
«Todavía hay matrices directas que solamente ven a Piar como el traidor», señaló. Esa narrativa tiene raíces documentales concretas: los 32 tomos recopilados por Daniel Florencio O’Leary entre 1831 y 1854, completados por su hijo y su esposa, y entregados a Guzmán Blanco en 1879, conforman la base de la historiografía venezolana. Sobre esa base, agregó, «hay historiadores venezolanos de gran capacidad, de mucho renombre, que pisaron su propio verbo para ir o engrandeciendo o empequeñeciendo esa historia».
Ha existido un olvido, que en el caso específico de Piar, «ha sido con mucha más fuerza», reconoció Valdez Mederico. El resultado es que el único general en jefe sobre el que pesa una «especie de enfrentamiento» con la figura de Bolívar en la memoria colectiva es precisamente Piar, mientras su obra militar y política permanece sepultada bajo esa disputa.
UNA CÁTEDRA Y UN CÓNCLAVE COMO RESPUESTA
Frente a esa realidad, los dos historiadores impulsan iniciativas concretas. La primera es la creación de la Cátedra Manuel Piar. Barrios explicó que la propuesta requiere un esfuerzo mancomunado entre el Centro Nacional de Estudios Históricos, el Centro Nacional de Estudios Simón Bolívar, las gobernaciones de los estados Bolívar y Anzoátegui, y las alcaldías de Caroní y Angostura. «Antonio tiene la propuesta, la hemos discutido, la hemos hablado, yo creo que hay que llevarla a concreción», afirmó.
La segunda iniciativa apunta más alto. Valdez Mederico reclamó que el Ministerio de Educación sea convocado junto con los dos grandes centros de estudio de la historia venezolana a un cónclave donde no solo Piar, sino los héroes invisibles de la independencia, reciban el tratamiento que merecen.
«Es difícil pensar que en el Táchira conozcan a Manuel Piar, y en el resto de los 23 estados venezolanos», advirtió. Los números respaldan la urgencia de ese llamado. La guerra de independencia duró 13 años. En ella murieron 180.000 venezolanos. El ejército patriota tuvo 11 generales en jefe, 29 generales de división, 100 generales de brigada, 400 coroneles y 700 tenientes coroneles. «Eso requiere más consciente trabajo», concluyó Valdez Mederico.
T/LRDS
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