ESPECIAL/ Bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá 1826-2026: diseño de un bloque geopolítico regional
En el Bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá la historiadora María José Daza señala que el miedo a la reconquista actuó como el catalizador principal para la convocatoria del proyecto bolivariano

Este lunes 21 de junio se conmemora el Bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, convocado por El Libertador, Simón Bolívar en 1826, que en esencia constituye el primer diseño consciente y ambicioso de un bloque geopolítico unificado en la región.
La historiadora María José Daza sostiene que, si bien el contexto de amenaza de reconquista por parte de España y la Santa Alianzas (Rusia, Prusia, Austria y Francia) fue un detonante inmediato, se puede demostrar con documentos, que el «Congreso Anfictiónico representó mucho más que una mera respuesta de supervivencia militar. Constituyo, en esencia, el primer diseño consciente y ambicioso de un bloque geopolítico unificado».
En declaraciones a La Radio del Sur, María José Daza, señala algunos de los primeros antecedentes de la concreción de la idea unionista de nuestros pueblos, en el pensamiento expresado por Bolívar en la Carta de Jamaica (1815) y en el Discurso de Angostura (1819), «donde no solo planteaba la defensa común sino la formación de “una sola nación” o confederación que pudiera “tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras partes del mundo”».
Recuerda, la Historiadora: «Bolívar comparó, a los efectos, el Istmo de Panamá con el de Corinto, augurando que su congreso tendría un valor histórico trascendental para la posteridad».
¿Qué incluía el proyecto Anfictiónico?
En ese contexto, Daza detalla que, el proyecto incluía elementos que trascienden la alianza militar coyuntural: «La creación de un ejército y una flota conjunta permanentes, una ciudadanía americana única, la abolición de la trata de esclavos, un código de derecho internacional y el apoyo a la independencia de Cuba y Puerto Rico».
Por otra parte, Bolívar visualizó esta confederación como un contrapeso global al afirmar que, «La Santa Alianza será inferior en poder a esta confederación». Por lo tanto, fue un diseño geopolítico consciente para disputar el equilibrio de poder global, aunque el miedo a la reconquista actuó como el catalizador principal para su convocatoria.
Factores determinantes para el fracaso
A juicio de la investigadora fueron múltiples los factores determinantes para el fracaso del Congreso, «más no la idea», subraya. Aunque la no notificación de los tratados fue el síntoma más visible de problemas profundos.
De seguidas, María José Daza, detalla:
1. Factores internos y traición a la idea original
En ese sentido, señala: «La principal causa fue la poca convicción política de figuras clave. Se menciona explícitamente a Francisco de Paula Santander (Vicepresidente de Colombia) y a otros actores políticos del momento, quienes no acatando las instrucciones del Libertador, coadyuvaron a echar por tierra la posibilidad de construir una América unida».
Considera la historiadora que, el principal error de Bolívar fue invitar a Estados Unidos y al Imperio de Brasil a la cita de Panamá, desvirtuando el proyecto bolivariano pensado solo para la América española.
El principal error de Bolívar fue invitar a Estados Unidos y al Imperio de Brasil a la cita de Panamá, desvirtuando el proyecto bolivariano pensado solo para la América española».
2. La influencia de Estados Unidos y la Doctrina Monroe
Asimismo, indica que la invitación a EE.UU. resultó fatal. Mientras Santander veía en la Doctrina Monroe una protección, el texto señala que esa se convirtió en «la antítesis del proyecto bolivariano».
Las instrucciones de los enviados estadounidenses (Anderson y Sergeant) dejaban claro que no aceptarían alianzas vinculantes, rechazando la idea de un «consejo anfictiónico».
Además, la figura del ministro estadounidense Joel Poinsett en México promovió activamente el descrédito de Bolívar, divulgando la idea de que el Libertador buscaba un mando supremo.
3. La falta de ratificación
Finalmente, indica que los tratados firmados –el más importante, el de la Unión, Liga y Confederación Perpetua- no fueron ratificados.
En Tacubaya (1827-1828), solo Colombia, y débilmente, apoyó la ratificación. México mostró nulo interés, y la desintegración interna de la Gran Colombia -con movimientos separatista, como La Cosiata, liderada por un bando de afectos al Vicepresidente José Antonio Páez- selló el fin.
¿América Latina lejos de la cohesión anfictiónica original?
Ante la interrogante del ¿Por qué la América Latina Bicentenario pareciera estar más lejos de la cohesión anfictiónica original de 1826, que en los propios albores de nuestras independencias?, la docente e investigadora, explica que se debe a que los factores que destruyeron el proyecto original no solo no desaparecieron, sino que se consolidaron e intensificaron a lo largo de la historia.
«En los albores de la independencia, existía al menos la intención y el ideal de unidad, personificado en Bolívar y otros como Francisco de Miranda, Antonio José de Sucre. Se firmaron tratados bilaterales y se logró congregar a delegados en Panamá. Sin embargo, el fracaso inaugural permitió que otras fuerzas tomaran la delantera».
De allí que, enumera: «Primero, el triunfo del modelo Santanderista, que aún tiene mucha fuerza en el vecino país: La tendencia política que miraba hacia Norteamérica –Santander- prevaleció sobre la bolivariana -inclinada hacia el Multilateralismo, liderado por Gran Bretaña y la autonomía regional-.
La tendencia política que miraba hacia Norteamérica –Santander- prevaleció sobre la bolivariana -inclinada hacia el Multilateralismo, liderado por Gran Bretaña y la autonomía regional-«.
Esto implicó la adopción de instituciones y políticas inspiradas en EE.UU., pero bajo la tutela de su creciente influencia imperialista.
Consolidación del imperialismo estadounidense
Asimismo, señala que la Doctrina Monroe, inicialmente vista como protectora, «desenmascaró paulatinamente las verdaderas intenciones imperialistas» de EE.UU., que se anexionó Texas, Nuevo México, California y la zona del Canal de Panamá. Esta potencia actuó sistemáticamente para evitar la formación de un bloque latinoamericano unificado que pudiera disputarle su hegemonía en el continente.
La persistencia de los intereses nacionales
Daza refiere que, la historia ha estado rodeada de «la avaricia y de los intereses de las potencias internacionales» y de gobernantes que «se envilecieron con las mieles que ofreció Estados Unidos.
A su juicio, la Doctrina Monroe, inicialmente vista como protectora, «desenmascaró paulatinamente las verdaderas intenciones imperialista» de EE.UU., que se anexionó Texas, Nuevo México, California y la zona del Canal de Panamá.
«Esta potencia actuó sistemáticamente para evitar la formación de un bloque latinoamericano unificado que pudiera disputarle su hegemonía en el continente», precisa.
Abandonar los errores históricos claves
El espíritu de consensos mutuos puede volverse más pragmático si se abandonan dos errores históricos claves y se retoman las lecciones del Congreso de Panamá, a saber: excluir a potencias extra continentales que históricamente han saboteado la unidad, y pasar de la retórica a la acción vinculante en temas concretos.
Al respecto, en el primer caso explica: «El fracaso enseñó que invitar a potencias con intereses propios -como EE.UU. en 1826- desvirtúa el proyecto. Un consenso pragmático actual implica construir acuerdos entre latinoamericanos sin tutelas externas, reconociendo que históricamente la zona de influencia de los grandes mercados capitalistas ha sido un obstáculo».
Un consenso pragmático actual implica construir acuerdos entre latinoamericanos sin tutelas externas, reconociendo que históricamente la zona de influencia de los grandes mercados capitalistas ha sido un obstáculo»
En el segundo lugar, afirma que se rescata que en Panamá se discutieron herramientas concretas que siguen siendo urgentes, entre ellas: «la creación de mecanismos de arbitraje para controversias (fronterizas, comerciales), la codificación de un derecho internacional regional (para regular inversiones, migración, medio ambiente), y la adopción de acuerdos de defensa y seguridad mutua que no dependan de la buena voluntad, sino de compromisos vinculantes como el soñado ejército y flota conjunta».
Enfrentar las amenazas comunes
Además, agrega la importancia de enfrentar las amenazas comunes al desarrollo soberano. Sobre lo cual indica: «Así como el Congreso buscaba la abolición de la esclavitud y el apoyo a la independencia de Cuba y Puerto Rico, hoy las urgencias son otras –la crisis climática, deuda externa, tráfico de drogas, golpes de Estado blandos, asimetrías comerciales-».
El espíritu anfictiónico implica que estas urgencias no pueden ser resueltas por un solo país, sino mediante políticas regionales consensuadas. El consenso debe ser, como pretendía Bolívar, una herramienta para «sostener la soberanía de cada país y defenderse de toda dominación extranjera» en el siglo XXI.
En resumen –continúa Daza- dejar de ser retórica exige institucionalizar la cooperación, excluir intereses foráneos que dividan y abordar los problemas estructurales con la misma audacia con que Bolívar concibió la Liga más vasta y más fuerte que ha aparecido sobre la tierra».
Foto: Archivo





