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ESPECIAL/ Venezuela honra a Antonio José de Sucre a 196 años de su asesinato en Berruecos

El 4 de junio de 1830 murió en un atentado Antonio José de Sucre, sucesor político de El Libertador Simón Bolívar

Se cumplen 196 años del asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José Francisco Sucre y Alcalá un hecho abominable para la historia, acaecido el 4 de junio de 1830 en la Jacova- Berruecos- Colombia.

Un atentado consumado por los enemigos políticos de Bolívar, quienes viendo en su persona al sucesor político de El Libertador ejecutaron el plan para asesinarlo en las montañas de Berruecos, en el camino que conduce de Pasto hacia Quito, donde se dirigía a reunirse con su esposa.

El asesinato de Sucre y sus causas

El proyecto de unión de la Gran Colombia del Libertador Simón Bolívar llegaba a su fin a inicios del año 1830. Líderes políticos de Venezuela y Ecuador deciden separarse de la república de Colombia.

Bolívar había convocado a finales del mismo mes de enero la reunión del Congreso Admirable, anunciando la reforma de la Constitución, en un intento de salvar la unión.

Es cuando designa al héroe de Pichincha, de 35 años, como Presidente del Congreso Admirable, sellando sin saber el destino del Gran Mariscal. La oligarquía neogranadina con la que gobernó Bolívar se convirtió en su enemigo mortal. Al ver en Sucre su sucesor político, los conspiradores toman la decisión de ejecutar su asesinato para apartarlo del camino.

A Sucre lo masacraron

Luego de los intentos inútiles de salvar la unión colombiana, Sucre decide retirarse a su casa en Quito, donde lo esperaban su esposa Mariana Carcelén y su pequeña hija.

Salió de Bogotá camino hacia el sur, hacia Quito. Durante su paso por las montañas de Berruecos, cerca de Nariño, en Colombia, la mañana del 4 de junio de 1830, Sucre fue asesinado por varios tiradores escondidos, quienes lo masacraron; al recibir disparos en el cráneo y el pecho, su muerte fue instantánea.

Sus ayudantes y acompañantes, en medio de las descargas de disparos, huyeron atemorizados para salvar sus vidas, dejando abandonado el cadáver del Gran Mariscal de Ayacucho por unas 24 horas. Al llegar a la ciudad de Quito dieron la fatal noticia y regresaron a buscar los restos.

Los homicidas y la causa del crimen

Es en noviembre de 1839, nueve años después, que se inicia la causa judicial por la muerte de Sucre. La detención en Berruecos del guerrillero pasturo José Eraso, antiguo amigo del general José María Obando, comandante militar de Pasto en 1830, permite la confesión del trama del asesinato, ante la amenaza de ser fusilado.

El coronel venezolano Apolinar Morillo, también fue capturado, se le ofreció exoneración por haber cumplido órdenes superiores, y decide confesar, confirmando lo dicho por Eraso.

Ambos asesinos confesaron que actuaron por órdenes del general José María Obando. Los autores materiales fueron Apolinar Morillo, José Eraso, José Gregorio Sarría y Andrés Rodríguez.

Durante el juicio abundaron las irregularidades procesales, lo que le permitió al general José María Obando escaparse de la justicia. El juicio nunca concluyó, y Apolinar Morillo fue fusilado el 30 de noviembre de 1842. El general Obando quedó impune.

Varias sepulturas

Desde el momento del asesinato, los restos mortales de Sucre tuvieron varias sepulturas. Al día siguiente de su muerte, su cadáver fue enterrado en un lugar cercano al sitió donde murió, por disposición de su viuda quien envió una comisión para tal efecto.

Una semana más tarde, sus restos fueron desenterrados para ser reconocidos por un cirujano del ejército. Luego de la muerte de la viuda, se descubre el lugar donde permanecía sepultado en secreto.

Por disposición del presidente de Ecuador, Eloy Alfaro, fueron exhumados y sometidos a reconocimiento forense por cirujanos. A partir del año 1900 los restos mortales de Sucre reposan en la Catedral de Quito.

Muerte sin escape

La historiografía señala que Sucre no tenía escape de la muerte. Si el Mariscal se hubiese ido por Buenaventura, lo esperaba el general Pedro Murgueitio, si optaba por la vía de Panamá lo acechaba el general Tomás Herrera, y desde Neiva lo vigilaba el general José Hilario López.

Bolívar y la noticia de la muerte de Sucre

No existe mejor manera de reflejar el impacto de la muerte de Antonio José de Sucre que recordando cómo fue que recibió la noticia Simón Bolívar, hace 196 años, el 24 de julio de 1830. Causalmente, es la misma fecha de nacimiento de El Libertador.

Bolívar estaba en la quinta Quisqueya cuando el gobernador de Cartagena, Mariano Montilla, llegó ante él, con el rostro sombrío y, ante su requerimiento, le dio la peor noticia de su vida desde la muerte de su esposa María Teresa: “Han asesinado a Sucre antes de Pasto. Fue una emboscada en un sitio tenebroso llamado Berruecos”.

Las reacciones de Bolívar han sido contadas de diferentes maneras, pero el común denominador es el dolor que sintió. Unas dicen que conjuró a Dios, pidiendo castigo para los asesinos, y otras que rompió en llanto. En lo que coinciden es en señalar que comparó el crimen de Sucre con el que Caín cometió en la persona de su hermano Abel.

“¡Santo Dios! ¡Se ha derramado la sangre de Abel! ¡La bala cruel que le hirió el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida!

Para nadie es un secreto que Sucre era el hijo que Bolívar hubiera querido tener. “Es el mejor general de la República y el primer hombre de Estado —dice en el Diario de Bucaramanga—. Sus ideas son excelentes y fijas; su moralidad ejemplar; grande y fuerte su alma. Sabe persuadir y conducir a los hombres; los sabe juzgar, y si en política no es un defecto el juzgarlos peores de lo que son en realidad, el general Sucre tiene el de manifestar demasiado los juicios desfavorables que hace de ellos”.

Luego del fallecimiento de Sucre, el Libertador, que venía ya delicado de salud, empeoró notoriamente, al punto de que no pasó de ese año. Murió el 17 de diciembre, consumido más por el dolor que por las desilusiones que cargaban,  cita el Correo del Sur.

Cenotafio en el Panteón Nacional

Un cenotafio es un monumento funerario que se realiza en memoria a un personaje cuando no están presentes sus restos mortales.

El presidente Joaquín Crespo, con motivo del centenario del nacimiento de Sucre, el 3 de febrero de 1895, ordena colocar un cenotafio en honor a la memoria de Sucre, en la nave derecha del Panteón Nacional.

El monumento es una enorme columna tallada en mármol barroco, obra de Juan Sales Ferre en 1896. La cima de la columna está coronada por una estatua pedestre del mariscal Sucre, enarbolando una bandera, a sus pies, un león rendido, simboliza la victoria de la República sobre los españoles.

Foto: Muerte de Sucre en Berruecos. Óleo de Arturo Michelena, 1895. Colección Galería de Arte Nacional

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