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Revelados: En Ecuador, Arauz ¿será enigma u oportunidad?

En 2017, el mundo entera pensaba que el triunfo de Lenin Moreno en las elecciones presidenciales ecuatorianas significaba la continuación del proceso de Revolución Ciudadana, que había conducido durante 10 años, Rafael Correa. Muy pocos apostaban que tres años después todo sería tan diferente y que Moreno sólo se desmarcó de Correa sino que traicionó por completo el programa de gobierno en torno al cuál había votado el pueblo.

El golpe fue notable, porque además de la traición, Moreno se esforzó en parecerse a cualquiera de los gobiernos oligárquicos que había tenido el Ecuador, para llegar incluso a perseguir mediante la represión y la judicialización a dirigente vinculados a Correa, a la izquierda, al movimiento de trabajadores, campesinos e indígenas.

Incluso, en 2019, el ex-canciller Rafael Patiño señaló en una entrevista que hubiesen preferido perder las elecciones antes que lo ocurrido con “un traidor de dentro de sus propias filas”. Moreno había acabado con todo, había dejado hasta al «correísmo» sin el partido Alianza País.

Pero, no sólo él se había transformado, muchos de quienes acompañaron a Correa como altos funcionarios de gobierno también habían cambiado de caretas y renegaron de todo, poco o mucho que se había alcanzado. Inclusive, la símbolica destrucción política de Ecuador como sede de la Unión de Naciones Suamericanas (UNASUR).

Patiño no dudó en decir que “Moreno fue captado por la CIA. Todo esto que está haciendo, tratar de desbaratar completamente lo que habíamos construido, no queda duda que había sido programado con la CIA porque él no tiene la inteligencia, la cabeza para armar una cosa de esta naturaleza, sino que es algo organizado desde la Embajada norteamericana”.

Hoy, un Ecuador está en pedazos, devastado por la pandemia del COVID-19, sometido al retorno de las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y las conveniencias del puñado de familias de banqueros y bananeros «dueños», por décadas del país, afronta una nueva carrera electoral hacia unos comicios que deberían efectuarse en febrero de 2021.

Para contextualizar a Ecuador y su actual condición política, social y económicos, no queda más que usar verbos condicionales, porque todo parece estar sometido a una dictadura. Cada vez imponen más trabas, más arbitrariedades, para que los sectores progresistas y de izquierda no puedan participar. Todo ello sin respeto alguno a la famosa independencia de poderes que tanto se pregona en Occidente como «síntoma» de democracia.

En ese escenario, por estos días el cronograma electoral indicaba la etapa de «democracia interna» de los partidos que aspiran a participar en los comicios de 2021, con la finalidad de decidir sobre sus fórmulas electorales.

El ex-presidente Correa y sus fuerzas aliadas, han conformado en tales circunstancias la Unión Nacional de la Esperanza (UNES), una coalición donde confluyen varias organizaciones, como el Foro Nacional Permanente de las Mujeres Ecuatorianas y el Frente Amplio de Organizaciones Sociales. También participa en la coalición la Confederación de Pueblos y Nacionalidades Indígenas Campesinas del Ecuador, Fuerza Rural, la Coalición Nacional por la Patria, el movimiento Centro Democrático (CD), el Frente Patriótico Nacional y el colectivo SurGente.

Acá nos detenemos brevemente, para puntualizar dentro de la diversidad de estas agrupaciones al Centro Democrático, a quien su líder Jimmy Jairala caracteriza como «Centro Democrático es un movimiento que dejó atrás las ideologías para buscar una sociedad digna, equitativa, tolerante, productiva y progresista». No es lo que conozcamos como izquierda precisamente en América Latina.

Tampoco Alianza País fue durante los gobiernos de Correa, el clásico partido tradicional de izquierda latinoamericana, allí confluían diversos sectores, pero con un cierto peso de la izquierda. Es una acotación necesaria, cuando precisamente lo que dejó en Ecuador, Lenín Moreno con su salto olímpico de bando, fue incertidumbre e incredulidad.

Hasta ahora, Correa sería (siempre condicional), el candidato a la vicepresidencia y uno de sus ex-ministros, Andrés Arauz sería el candidato presidencial de la UNES. Acá va la clave de este Revelados, ¿enigma u oprtunidad para el Ecuador?

Arauz sería uno de los candidatos más jovenes en la historia de Ecuador, apenas tioene 35 años y es licenciado en economía y matemáticas, graduado en la Universidad de Michigan (Estados Unidos). En 2015, fue nombardo ministro de Conocimiento y Talento Humano, saquen la cuenta, apenas tenía 30 años.

La condición de enigma u oportunidad no viene dada por su juventud, al contrario, su carrera académica y política lo muestra competente y brillante. ¿Pero qué tan condicionadas serán sus oportunidades para lograr posicionarse en la campaña y luego, en un hipotético triunfo?.

Las clases dominantes, ya están mucho más alertas para evitar que el río nuevamente se les desborde y cómo decíamos la coalición que acompaña a Correa es bastante diversa. Por otra parte no hay que olvidar la importancia que en Ecuador tienen algunas organizaciones indígenas que no simpatizan mucho o casi nada con el ex-presidente de la Revolución Ciudadana.

Como persona, como líder político, Arauz está claramente ubicado a la izquierda y en el progresismo, pero, ¿que tanto esto podrá conjugarse con organizaciones como Centro Democrático que dicen que no les importan las ideologías? y ubican fundamentalmente en Guayaquil, donde al correísmo no le ha ido tradicionalmente tan bien como en el resto del país.

Por allí está también la candidatura de Leonidas Iza, proveniente del movimiento indígena, quien ha condicionado ya, las posibilidades de alianza: “Aquí no pueden llegar a imponer y a tachar cuando no estamos de acuerdo en sus posturas (…) Si somos de izquierda, estamos en la obligación histórica de ser críticos y autocríticos», decía en julio.

El movimiento indígena está lejos de la unidad,e sa autocrítica muy problamente los incluya a ellos y es poco probable que se concrete la alianza con Arauz, aunque un porcentaje de sus bases, igual que votaron por Correa pudieran acudir a las urnas a sufragar por el candidato presidencial de la UNES, para evitar el triunfo de la derecha.

Ecuador es hoy en día un escenario político complicado y fragmentado, está claro el daño causado por Moreno y los «dueños de Moreno». El foco está encendido en las propias capacidades de la izquierda para volver. El desempeño económico del país va mal y con perespectivas de ser peor.

Las rebeliones populares de octubre de 2019, e incluso las multitudinarias movilizaciones de mayo de este año, aún en contexto de la pandemia, reflejan el descontento de los ecuatorianos ante el modelo de Moreno. El pasado año, lo obligaron a echar para atrás en parte de su paquetazo neoliberal, que ahora va siendo aplicado a cuenta gotas.

Por ello, si se supera la incertidumbre y el descreímiento, la desilusión ante las traciones y algunos dicen que de los errores, Ecuador puede tener una nueva oportunidad, para rexcuperar su soberanía, para construir una economía mas equitativa.

Finalmente, para nuestra región latinoamericfana es una oportunidad, un candidato como Arauz, que se sienta seguro de decir: “Soy un convencido de la integración regional no solo desde las perspectivas económicas, tecnológicas que pudieran tener (…) sino en los ámbitos educativo, cultural, económico, identitarios. No podemos entender como América Latina no está unida teniendo tantos elementos en común…”.

T/ Chevige González Marcó/ LRDS

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