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Análisis / Súper Niño exige prevención y corresponsabilidad ante posibles impactos en agua y energía

El geógrafo y profesor universitario, Hernán Zamora, explicó que, a diferencia de un terremoto, el fenómeno climático Súper Niño puede ser monitoreado y requiere medidas anticipadas para proteger el agua, la energía, los ecosistemas y la producción

El Súper Niño es un fenómeno que puede ser monitoreado y frente al cual es posible adoptar medidas preventivas. Así lo explicó el geógrafo y profesor universitario, Hernán Zamora, durante una entrevista realizada por la periodista y presidenta de Radio del Sur, Nieves Valdez.

La conversación se desarrolló en el marco de la programación especial del Sistema Radio Nacional de Venezuela «Venezuela Renace Toda», retransmitida por La Radio del Sur.

Zamora estableció una diferencia fundamental con el terremoto ocurrido recientemente en Venezuela. Mientras un evento sísmico no puede anticiparse con precisión, los fenómenos meteorológicos cuentan con mecanismos de observación y seguimiento.

«A diferencia del terremoto que llegó sin avisar», señaló, frente al fenómeno de El Niño «sí tenemos esa capacidad» de prever y tomar medidas.

Agua y energía entre las principales preocupaciones

Uno de los puntos centrales planteados por el especialista fue la posible afectación de los recursos hídricos.

En ese sentido, explicó que una reducción de los caudales puede disminuir el volumen de agua disponible en los embalses. Esto tendría consecuencias tanto para la generación hidroeléctrica como para el abastecimiento de agua destinada al consumo humano.

Zamora puso especial atención sobre el sistema asociado al embalse de Guri, debido a su importancia para la generación de electricidad en Venezuela.

Sin embargo, advirtió que el problema no termina en la energía.

«Hay una afectación, que además de la eléctrica, tiene que ver con la disponibilidad de agua para consumo humano», explicó.

Por tanto, el escenario obliga a considerar el agua como un recurso estratégico. Además, plantea la necesidad de reforzar hábitos responsables desde los hogares y las comunidades.

Agricultura, alimentos y ecosistemas también están en riesgo

El impacto de un fenómeno de esta naturaleza puede extenderse mucho más allá de los servicios básicos.

De acuerdo con Zamora, una amenaza meteorológica puede incrementar la vulnerabilidad de la población. Esto ocurre porque sus efectos alcanzan la producción agrícola, los alimentos y el agua.

Asimismo, puede afectar la generación de energía y la navegación fluvial.

El especialista insistió en que estas consecuencias deben comprenderse desde una perspectiva integral. «El planeta es un sistema, un geosistema», afirmó.

Por eso, cuando uno de sus componentes cambia, también pueden alterarse otros elementos relacionados.

Esta visión permite entender que una eventual reducción de las precipitaciones no representa solamente un problema climático, también puede convertirse en un asunto económico, productivo, ambiental y social.

Un fenómeno que puede seguirse y no debe generar pánico

Zamora explicó que El Niño está relacionado con modificaciones en las temperaturas de las corrientes oceánicas.

Cuando las aguas son más frías, disminuye la evaporación y pueden reducirse las precipitaciones. En cambio, cuando las aguas presentan temperaturas más elevadas, aumenta la evaporación y la condensación.

Así, cambian las condiciones de formación de nubes y lluvias.

El entrevistado también explicó la relación entre El Niño y La Niña como parte de la dinámica energética del planeta.

Además, señaló que existen mapas de organismos oficiales venezolanos e internacionales que permiten observar las temperaturas del agua y realizar seguimiento de las precipitaciones, por ello, el llamado no es al temor.

«Esto no implica que vamos a entrar en pánico», sostuvo Zamora.

En cambio, planteó que corresponde actuar con conciencia y anticipación.

El antecedente de un fenómeno excepcional

El geógrafo recordó que el llamado Súper Niño tiene antecedentes históricos.

Según explicó, el último episodio identificado bajo esa denominación ocurrió a comienzos del siglo XX y presentó características particularmente intensas.

Entre ellas mencionó temperaturas más elevadas, períodos de sequía más prolongados y afectaciones sobre los ecosistemas.

Incluso, indicó que existen referencias que estiman que aquel episodio llegó a afectar aproximadamente al 15 % de la población mundial.

La denominación «Súper Niño» responde precisamente a la intensidad y a las características inusuales de aquel fenómeno.

La frecuencia de El Niño requiere datos y seguimiento

Otro elemento abordado durante la entrevista fue la posible modificación de los períodos de recurrencia.

Zamora explicó que El Niño tiene un comportamiento cíclico, sin embargo, señaló que algunos especialistas han planteado que esos intervalos podrían estar reduciéndose.

La hipótesis también ha sido relacionada con el cambio climático.

No obstante, el geógrafo llamó a respaldar estas afirmaciones con información verificable.

«Valdría la pena sentarnos a sacar los números porque no hay nada como un dato duro para hablar de estas cosas, no de las percepciones», expresó.

De esta manera, destacó la importancia de analizar series históricas para determinar con precisión cómo ha evolucionado la frecuencia del fenómeno.

Ahorrar agua también es gestionar el riesgo

Ante un escenario de posible disminución de la disponibilidad hídrica, Zamora colocó el comportamiento ciudadano en el centro de la prevención.

El desperdicio cotidiano, explicó, adquiere una dimensión distinta cuando se enfrenta una situación de escasez.

Dejar correr el agua mientras una persona se cepilla los dientes, afeita o realiza otras actividades son prácticas que pueden modificarse.

También llamó la atención sobre las fugas domésticas.

Una gotera aparentemente pequeña puede representar una pérdida importante cuando permanece durante días.

Por consiguiente, la prevención también pasa por acciones sencillas. Reparar una llave, cerrar un grifo y reducir el consumo forman parte de una gestión responsable.

El ahorro energético también cuenta

La misma lógica debe aplicarse al consumo de electricidad.

Zamora cuestionó hábitos como mantener encendidas luces o equipos que no están siendo utilizados.

También mencionó los cargadores que permanecen conectados aunque no estén cargando un dispositivo.

«En una casa si hay cuatro teléfonos, hay cuatro cargadores que están enchufados, son cuatro vampiros», explicó.

Con esta expresión coloquial, llamó la atención sobre consumos que pueden parecer insignificantes, pero que adquieren relevancia cuando se multiplican.

Así, el uso racional de la energía complementa las medidas de conservación del agua.

Proteger las cuencas es proteger el agua y la energía

La prevención, sin embargo, no puede limitarse al comportamiento dentro de las viviendas.

Zamora destacó la importancia de los bosques y las cuencas hidrográficas.

En particular, se refirió a las cuencas del Orinoco y del Caroní, vinculadas con el sistema hídrico y energético venezolano.

Por eso, los procesos de deforestación representan una preocupación adicional.

La protección de las cuencas debe entenderse como parte de una política integral de prevención. De igual manera, debe involucrar a las comunidades.

Viviendas nuevas con soluciones para ahorrar agua

El especialista propuso aprovechar los procesos de construcción y rehabilitación de viviendas para incorporar mecanismos de ahorro.

Entre sus ejemplos mencionó los sanitarios con sistemas de doble descarga.

Son medidas que pueden parecer pequeñas, sin embargo, Zamora considera que pueden producir resultados significativos cuando forman parte de una política sostenida.

De este modo, la prevención puede incorporarse desde el diseño de los espacios donde transcurre la vida cotidiana.

Sequía, incendios y un riesgo que puede multiplicarse

La disminución de las lluvias también puede incrementar la vulnerabilidad de las áreas forestales.

Zamora alertó sobre el riesgo de incendios durante períodos de sequía y señaló que algunos pueden ser provocados deliberadamente.

Además, advirtió que la menor disponibilidad de agua puede dificultar las labores para combatirlos.

La experiencia internacional demuestra la magnitud que pueden alcanzar estos eventos. El especialista recordó los grandes incendios registrados en Europa para ejemplificar esa realidad.

Por ello, prevenir incendios también forma parte de la gestión del riesgo.

Comunidades organizadas para conocer sus propios riesgos

La prevención debe considerar las particularidades de cada territorio.

Zamora explicó que los municipios, las comunidades y las comunas poseen características diferentes de relieve, vegetación y suelo, por tanto, los fenómenos naturales no se comportan de la misma manera en todos los lugares.

En este escenario, los mapas de riesgo adquieren especial importancia.

También destacó el papel de las comunas, los consejos comunales y las mesas de ecosocialismo y de energía.

«Esos son espacios fundamentales ahora para poder hacer la gestión del riesgo», afirmó.

Así, la prevención deja de ser exclusivamente institucional y pasa a convertirse en una tarea compartida.

El ecosocialismo como visión para proteger el territorio

Para Zamora, la gestión de estos riesgos debe partir de una comprensión integral de la relación entre sociedad y naturaleza.

En ese contexto, vinculó la prevención con la visión ecosocialista impulsada por el comandante, Hugo Chávez.

La idea central es comprender que las acciones humanas tienen consecuencias sobre un sistema donde los elementos están interconectados.

El consumo de recursos, la generación de residuos, los incendios y las inundaciones pueden estar relacionados.

Por ejemplo, una acumulación de desechos puede obstruir sistemas de drenaje y favorecer inundaciones durante períodos lluviosos.

De igual forma, ciertos residuos pueden contribuir a generar condiciones para incendios.

Los árboles también forman parte de la prevención

Zamora llamó además a reconsiderar prácticas como la tala de árboles por razones cotidianas.

Explicó que la vegetación cumple una función importante en la creación de condiciones microclimáticas.

En consecuencia, los árboles contribuyen a disminuir las temperaturas.

La protección de la vegetación, por tanto, no constituye solamente una acción ambiental, también forma parte de una estrategia de adaptación y prevención.

La experiencia del terremoto deja aprendizajes

Durante la entrevista, el geógrafo también retomó la experiencia del terremoto para explicar cómo los desastres permiten fortalecer las capacidades de respuesta.

Advirtió que los daños no siempre son visibles inmediatamente. Pueden aparecer posteriormente afectaciones en tuberías, torres, sistemas de energía, agua, gas y telecomunicaciones.

En ese contexto, destacó la respuesta institucional del Gobierno Bolivariano desplegada tras el evento y mencionó el reconocimiento realizado por representantes de Naciones Unidas y otros organismos internacionales.

También resaltó la instalación de los campamentos transitorios como parte de la capacidad adquirida a partir de experiencias anteriores.

Prepararse desde las experiencias propias

Zamora sostuvo que Venezuela debe construir sus mecanismos de prevención y atención considerando sus propias características.

Por eso, planteó que las experiencias de otros países pueden servir como referencia, pero no necesariamente como modelos que deban copiarse de manera automática.

«Nuestro país no es Japón», afirmó al explicar la necesidad de desarrollar respuestas acordes con las condiciones nacionales.

La gestión del riesgo, desde esta perspectiva, requiere conocimiento del territorio, organización y aprendizaje institucional.

Prevenir también es una forma de solidaridad

La entrevista deja como conclusión una idea transversal: enfrentar un fenómeno como el Súper Niño no significa esperar pasivamente sus consecuencias, implica anticiparse.

También significa proteger los recursos que pueden resultar más vulnerables y asumir que las decisiones individuales tienen efectos colectivos.

El agua que se desperdicia en una vivienda forma parte del mismo sistema que abastece a una comunidad. La energía que se consume innecesariamente también pertenece a un sistema mayor.

Por ello, la prevención requiere cooperación entre instituciones, comunidades y ciudadanía.

En esa lógica, el llamado de Zamora conecta la gestión del riesgo con una visión de solidaridad y corresponsabilidad. Se trata de preservar recursos esenciales y fortalecer la capacidad colectiva para afrontar una amenaza que, a diferencia de un terremoto, puede ser observada antes de que sus efectos alcancen su mayor intensidad.

«El cambio climático es real», sentenció el geógrafo.

La respuesta, desde su perspectiva, pasa por comprender esa realidad, conocer los riesgos de cada territorio y actuar desde ahora.

T/LRDS

Venezuela realizó encuentro técnico para coordinar acciones preventivas ante fenómeno El Niño

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